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Golpe de Timón. Chile necesita vinos con identidad…

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04/03/08

Fuente: Chile.com | Eduardo Brethauer

Chile. Aunque los envíos de vino chileno alcanzaron un record de 610 millones de litros y US $1.256 millones durante 2007, evidenciando dinamismo en casi todos los mercados, las perspectivas no son muy halagüeñas durante este año, sobre todo para las viñas que no cuentan con las espaldas para hacer frente a un mercado cada vez más concentrado, agresivo y complejo.
La devastadora sequía que golpeó a Australia, provocando una caída de más de un 25% de su producción -en algunas zonas incluso llegó a la mitad-, abrió una ventana para los vinos chilenos, permitiendo la entrada de aire fresco a una actividad que olía cada vez más a encierro …

Lamentablemente algunos olvidaron que no hay que reírse de la desgracia ajena. La sequía que hoy sufre nuestro país, catalogada como la peor de los últimos 100 años, no sólo afecta a los humildes productores de los rulos maulinos, sino también a poderosos actores que han apostado por el secano interior o costero.
En Marchigüe, por ejemplo, miles de hectáreas se encuentran en punto de quiebre por el agotamiento de sus pozos, mientras esperan, esperan y esperan la materialización del proyecto de represa Convento Viejo o, como muy bien lo rebautizaron, Cuento Viejo.
Esta angustiante situación viene a poner aún más cuesta arriba el futuro de un sector que ya debía lidiar con la apreciación del peso frente al dólar; el fantasma de la inflación que ha encarecido los costos operacionales de las viñas, en especial los energéticos; y, era que no, los altos precios que ha alcanzado la uva durante esta temporada.
Pero volvamos a Australia, el gran referente de nuestro modelo exportador, donde los analistas hablan de un desastre que ha obligado a repensar el plan maestro. Ya se respira un clima de cierta resignación. Incluso están dispuestos a ceder el liderato en Reino Unido que, al igual que para Chile, es el principal destino de sus exportaciones.
Las heladas primaverales y la sequía hicieron bajar ostensiblemente los rendimientos. El precio de la uva ha alcanzado niveles record y podría seguir subiendo a medida que bajan los niveles de agua disponibles. Esta situación amenaza la reconocida relación precio / calidad de sus vinos -la base del éxito del modelo australiano-, perdiendo competitividad frente a países como Sudáfrica, Chile y, por qué no, Argentina.
Los australianos prevén un escenario muy complicado -por no decir imposible-para las viñas pequeñas y medianas, las que podrían ser absorbidas por las multinacionales, consolidando todavía más una industria dominada por unos pocos.
Los actores más modestos se quejan del actuar de las grandes compañías. Si no hubiesen extremado tanto las cosas, aceptando el sangriento juego propuesto por los retailers, posicionando sus productos a precios demencialmente bajos, quizás hoy costaría un poco menos sobrellevar estos tiempos de crisis.
Sin embargo, hay quienes también plantean que esta coyuntura propone una tremenda oportunidad. La escasez de uva y el consiguiente aumento de los precios podría empujar al sector a encontrar un nuevo y más saludable punto de equilibrio: una oferta ya no tan agresiva, pero sí más sustentable en el largo plazo.
Ya se está comenzando a hablar de la imperiosa necesidad de concentrarse en la promoción de vinos con mayor valor agregado, cuyos precios no se vean afectados tan directamente por los vaivenes del mercado. Quizás es la oportunidad para las viñas y no los grandes conglomerados. En definitiva para las compañías que ofrecen vinos con sentido de origen, alejadas de la lógica del commodity, que se plantan frente al consumidor ofreciendo identidad más que consistencia.
Por otro lado la creciente demanda de vinos con menor grado alcohólico, una moda que ya se convirtió en una tendencia, abre una gran oportunidad para los valles más fríos de Australia, donde las reservas de agua y su consumo son bastante más eficientes y rentables en comparación a zonas vitícolas más tradicionales como Barossa valley.
Definitivamente suben los bonos de Yarra valley, pero además aparecen luminosos spots como Macedon Ranges, Mornington y Tasmania. Estos nuevos valles no sólo se están especializando en espumosos y blancos tranquilos, sino que en muy interesantes Pinot noir y en pequeñas producciones de otras cepas tintas de ciclo corto como el renaciente Cabernet franc.
La industria vitivinícola chilena, que siempre ha mirado de reojo la maquinaria australiana, no puede quedarse dormida en los laureles y remitirse sólo a capitalizar los pequeños espacios que va dejando nuestro competidor en los niveles más bajos de precio. Esta vez no. Los crecientes costos productivos, sumados a la amenaza de una recesión mundial y de un mercado vitivinícola cada vez más competitivo, deben impulsar decisiones estratégicas y no coyunturales, apuntando cada vez más lejos.
Las cualidades de los vinos chilenos en los segmentos bajos de precio ya son ampliamente reconocidas en el mundo. Pero gracias a la globalización de la tecnología, y a poderosos flying wine makers que se han encargado de difundir sus infinitas posibilidades, se pueden hacer vinos decentes en cualquier parte del mundo.
Llegó el momento de redoblar los esfuerzos para producir vinos diferentes, quizás más profundos y jugados, que realmente hagan la diferencia en las estanterías. No sólo vinos que luzcan la huella de nuestras culturas ancestrales en las etiquetas, sino que huelan y sepan con distinción.
También llegó el momento para intensificar la búsqueda de zonas donde se puedan lograr vinos con mejores relaciones alcohol / acidez y que expresen una mayor tipicidad frutal. No sólo me refiero a redescubrir la frontera sur de la viticultura chilena, arrimarse más a la cordillera o el mar, sino que emprender los nuevos proyectos en forma seria y profesional, plantando en aquellos suelos donde realmente las viñas puedan encontrar un adecuado balance entre calidad y rentabilidad.
El pesado barco australiano ya comenzó el viraje, redefiniendo las coordenadas de su estrategia comercial para 2025. A un país como Chile, con mucho menos tonelaje o peso específico en el mercado internacional, debería costarle bastante menos dar un golpe de timón y emprender un nuevo rumbo.
Como nunca antes, nuestro país tiene la oportunidad de reubicarse en esta carrera de largo aliento, posicionándose como un productor de vinos saludables, interesantes y no tan baratos. No sé si con un mejor mix de productos que sus principales competidores, pero sí al menos con vinos honestos y profundamente chilenos.

Fuente: Chile.com | Eduardo Brethauer

http://www.chile.com/tpl/articulo/detalle/ver.tpl?cod_articulo=97710

Written by machimar

5, Marzo 2008 a 9:16 pm

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