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Eco de la protesta sojera en el sector vitivinícola

Publicado en noticias by machimar en Marzo 31st, 2008

30/03/08

La retención a las exportaciones de vino y mosto es del 5%. Destacan el alto valor agregado del producto vínico. Hay quejas por la cosecha. Envuelta en sus propios conflictos, la vitivinicultura, aunque reflejó posiciones dispares, no se sumó en general a la explosiva protesta del campo que se extendió por varias provincias. Empresarios y trabajadores de bodegas y viñas continuaron durante la semana la pulseada por los salarios de los trabajadores, tras la obligada conciliación que impuso el Ministerio de Trabajo de la Nación. La negociación, finalmente, el viernes último, pareció zanjarse como demostración de que el diálogo, muchas veces, puede más que las posiciones irreductibles …

Fuente: Luis Gregorio | Diario Uno

Pero más que la cuestión salarial o los avatares de la cosecha –y que también preocupa el precio de la uva y el vino–, la vitivinicultura pareció no identificarse con el motivo del paro rural. Fundamentalmente, porque el régimen de retenciones a las exportaciones para el sector no tiene relación con el de los granos, concretamente la soja, materia de la gran discordia.
La retención para la exportación de vino y mosto es del 5%, lejos del establecido para los sojeros. Además, los exportadores de los productos de la vid tienen un reintegro del 5%. lo que neutraliza las cargas.
“Las retenciones son bajas por la cantidad de valor agregado que tiene la exportación de vino. Si vale la comparación, no exportamos racimos de Malbec como se exportan granos”, describió el gerente de Bodegas de Argentina, Juan Carlos Pina. Recordó, a su vez, que las retenciones para las exportaciones de vino y mosto “arrancaron con 10%” y que con un reclamo firme, pero en mesas de discusión, logró bajarse.
En sintonía con su par de BdeA, el gerente de la Unión Vitivinícola Argentina (UVA), Sergio Villanueva, destacó el proceso que conlleva la exportación de vino e inclusive el mosto. Puso el acento, además, en que el sector vitivinícola, después de años, ha logrado “un esquema de relación distinta, una política de equilibrio y prevención” que ha evitado crisis que parecen terminales. “No es que queramos vender ningún modelo pero se ha conseguido que tanto el sector privado como el público se sienten en una misma mesa para resolver los problemas, que los siguen habiendo pero sobre los cuales se puede dialogar”, indicó.
“El impacto del paro del campo en nuestro sector es indirecto –expresó, por su parte, el gerente del Centro de Viñateros y Bodegueros del Este, Mauro Sosa–. Tiene que ver con inconvenientes en la logística pero la vitivinicultura tiene su propia problemática”, sostuvo.
Las voces más críticas salieron de entidades que representan a vitivinicultores más chicos como la Asociación Productores en Acción. Su líder, José María Llaver, dijo que por la suba de los costos, la situación para los vitivinícolas es más complicada que la de los sojeros. “Un matayuyos que valía hace cuatro meses $430, hoy vale $1.000. La tonelada de abono de 440 dólares pasó a más de 1.000. Mientras tanto la uva se paga a 50 centavos y el vino a 70 el litro. Un café en la Peatonal nos puede salir 4 litros de vino –graficó–. Y todavía esperamos que este Gobierno provincial haga realidad los créditos de cosecha y acarreo y el operativo del mosto, que hasta ahora es una ficción”, disparó.
En cuanto a la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas (Acovi), adherida a Coninagro, apoyó el reclamo de los productores del campo pero pidió que se retomara el diálogo. Pero la explicación de por qué los productores mendocinos no se prendieron de lleno en la protesta del campo surgió, quizá, de un documento de apoyo al Gobierno. Desde dirigentes del oficialismo se remarcó: “De toda la superficie cultivada con granos en la Argentina, el 56% corresponde a la soja, o sea más de 16 millones de hectáreas. Simplemente porque para plantar una hectárea de soja un productor invierte algo más de mil pesos frente a los 15.000 que hacen falta para implantar una viña o mantener una hectárea. ¿Y cuál es la ganancia?. Descontada las retenciones que sirven para distribuir esa riqueza extraordinaria, cada cien pesos invertidos para la soja se ganan cincuenta y se cosecha dos veces al año”. Si es tan así, algo lejos de la realidad local.

Fuente: Luis Gregorio | Diario Uno

http://edimpresa.diariouno.net.ar/2008/03/30/nota176791.html

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