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El sello patagónico, como argumento de venta

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20/04/08

Como los marineros que tienen un amor en cada puerto, Michel Rolland tiene en cada país por lo menos una bodega a la que está asesorando. En la Argentina, la última conquista del enólogo francés es el mercado patagónico, en el que comenzó a trabajar con la firma neuquina Bodega del Fin del Mundo. “La Argentina tiene tantas tierras que nunca vamos a terminar de descubrir todo. Con los viñedos, si el clima ayuda se puede trabajar en muchos lugares y todavía hay zonas nuevas por descubrir que ya están desarrollando buenos vinos como en el caso de Neuquén”, explica Rolland …

Fuente: La Nación

Como ya es un clásico en este negocio que se nutrió de inversores provenientes de los rubros más diversos, detrás de la Bodega del Fin del Mundo se encuentra un empresario sin experiencia previa en el mercado del vino: Julio Viola.

Nacido en Uruguay, hace más de veinte años Viola se radicó en Neuquén y empezó a trabajar en el negocio inmobiliario. Su vinculación con la industria del vino se limitaba a un tío abuelo al que no conoció y que tenía viñedos en Italia.

Sus primeros pasos en el rubro vitivinícola se concretaron en 1996, cuando adquirió un campo de 3200 hectáreas en el desierto de San Patricio del Chañar. Tres años después, luego de finalizadas las obras de riego artificial, se plantaron los primeros viñedos.

En 2004, la bodega lanzó en el mercado interno su primera partida de vinos y hoy cuenta con 870 hectáreas propias en viñedos, con una capacidad total de ocho millones de litros y equipada con 220 tanques de acero inoxidable.

Bodegas neuquinas

“La región tiene un gran potencial, especialmente a la hora de ganar nuevos mercados internacionales. Si bien Neuquén está dando los primeros pasos como zona productora de vinos, contamos con la ventaja del sello patagónico que en muchos mercados es más conocida que regiones con una larga tradición productora, como Mendoza o San Juan”, explicó Viola.

La Bodega del Fin del Mundo cerró 2007 con una facturación de $ 60 millones, de los cuales un 60% correspondió a las ventas en el mercado interno y el 40% a las exportaciones. En el corto plazo, el objetivo de la empresa es dar vuelta este esquema y que las ventas al exterior se conviertan en el principal motor de su crecimiento.

“Hoy ya estamos exportando a 26 países y nuestros principales mercados son Estados Unidos, Canadá, Dinamarca y Holanda. En el futuro creemos que hay una oportunidad muy interesante para crecer en América latina, donde los vinos argentinos ya les están peleando el liderazgo a los chilenos”, explican en la empresa.

Junto con la Bodega del Fin del Mundo, en la actualidad existen otra siete bodegas con presencia en la provincia de Neuquén.

De las ocho, siete pertenecen a empresarios de la región y el único “extranjero” es el abogado porteño Fernando Muñoz de Toro, dueño de la bodega Valle Perdido.

Fondos provinciales

El desarrollo de la flamante bodega neuquina igualmente no estuvo exenta de polémicas, ya que gran parte de los proyectos fueron financiados con fondos de la provincia de Neuquén.

“Lo que hizo la provincia fue impulsar un proceso de diversificación de la economía de manera de no depender tanto del petróleo. En este marco, se destinaron inversiones a nuevos rubros, como el turismo, la industria frutihortícola y los vinos”, explica Viola.

La presencia de los vinos neuquinos en el exterior es todavía muy reducida y la provincia representa apenas el 1,5% de las exportaciones totales de vinos fraccionados de la Argentina, muy lejos de Mendoza o San Juan, que juntas suman cerca del 95% de las ventas internacionales de país.

Fuente: La Nación

http://www.lanacion.com.ar/1005838

Written by machimar

20, Abril 2008 a 10:58 pm

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