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Gurú Mundial del Vino La nariz del millón de dólares

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02/05/08

El norteamericano Robert Parker ha sido el crítico de vinos más importante del mundo durante los últimos años. Esta es la historia de cómo construyó un imperio a punta de su exquisito gusto y de cómo intenta mantenerse a flote sin avinagrar su buen nombre. No hay que ser injustos. Robert Parker es aún no sólo el crítico de vinos más influyente en el mundo, sino que el crítico, así, a secas, que más relevancia tiene en cualquier mundo. Nadie, en ninguna otra área, ha ostentado tal poder, tal fuerza,  …

Fuente: El Mercurio | Patricio Tapia

… tal determinación. Sin embargo, hoy las aguas se ven menos calmas, el futuro se siente menos brillante. Al parecer, según lo que se dice, según lo que se publica, Parker estaría perdiendo parte de su poder, parte de la fuerza que lo ha llevado a imponer un gusto, “su” gusto, en el planeta del vino. Pero primero veamos cómo es que llegó allíHasta antes de 1982, la gran cosecha de Burdeos, un año mítico, Parker era un abogado aficionado (apasionado, sería más exacto) al vino que estaba sacrificando gran parte de su tiempo y su dinero en un pasquín bimensual llamado “The Baltimore / Washington Wine Advocate” que había debutado, en forma artesanal, en agosto de 1978 incluyendo por primera vez la famosa escala de puntuación de 100 puntos, algo completamente inédito en ese tiempo.

Sin embargo, la firme convicción de Parker y su capacidad para visualizar la calidad de una cosecha como 1982 en Burdeos, sería su primer paso al éxito. Y fue el único. Ahí estuvo la gracia. Mientras, por ejemplo, el gran crítico de vinos en Estados Unidos por ese entonces, Robert Finnigan, no se mostró especialmente entusiasta (luego corregiría su error, pero ya demasiado tarde), el por entonces aún abogado invitó fervientemente a los americanos a comprar “una cosecha que dará algunos de los mejores vinos del siglo”. Y sus lectores lo hicieron, cuadriplicando el tiraje de su ahora llamado “Wine Advocate” y permitiéndole, por fin, dejar la abogacía y dedicarse completamente a la crítica de vinos. Fue en 1984.

Desde sus comienzos, Parker se mostró a sí mismo como un defensor de los consumidores, un tipo incorruptible cuya independencia de la industria del vino era total, lo que le permitía opinar con completa libertad y así orientar de forma más precisa a sus lectores. No había en su trabajo conflicto de intereses, todo era transparente. Esa bandera caló profundo en un pueblo como el norteamericano que había presenciado con horror la dimisión del Presidente Richard Nixon tras el escándalo Watergate. Parker, con su discurso de independencia, fue aplaudido.

Gran capacidad

gustativa. Pero no sólo fue eso. El ex abogado también tenía lo suyo, sobre todo un paladar privilegiado y una nariz fuera de serie que, según él mismo lo dijo alguna vez, le permitía ver los aromas del vino como colores, así de claro. Incluso sus más fieros adversarios reconocen esa habilidad para catar y para reconocer vinos a ciegas, sin saber lo que está degustando. Parker, en una movida que podría ser catalogado como estrategia de marketing, aseguró su nariz en un millón de dólares.

Pero no sólo es talento lo que tiene, sino que también una enorme capacidad de trabajo. En sus visitas a Burdeos para la degustación de los vinos de las nuevas cosechas, Parker puede catar tranquilamente unas trescientas muestras por día y terminar completamente lúcido. Hay varias cifras, sin embargo, en esto de la capacidad gustativa de Parker. Algunas, incluso, hablan de diez mil muestras al año.

Esa mezcla de talento y tesón lo encumbró a la categoría de emperador del vino hacia fines de los 80. Parker podía cuatriplicar el precio de un vino en el mercado con un buen puntaje y, por cierto, llevar al olvido a una bodega que recibiera puntajes inferiores. Su poder, sin embargo, siempre ha estado focalizado en Burdeos, Ródano y también en California. Allí es en donde históricamente se ha demostrado el efecto Parker. Pero tampoco hay que olvidar que ese poder imperial también se muestra en Sudamérica. Un buen puntaje de Parker puede agotar el stock de un vino en menos de una mañana. O al menos, podía.

Hoy las cosas parecen estar cambiando. Parker cumplió sesenta años ya. Los achaques han comenzado. Y también la imposibilidad de mantener un reinado de casi treinta años. La crítica más frecuente que se le hace es su gusto por los vinos grandes, súper maduros, concentrados y maderizados. Vinos que impresionan. Es evidente, entonces, que los productores – tratando de complacerlo- comenzaron a hacer vinos a su gusto, transformando de paso la tradición. Como una bola de nieve, más y más viñateros en el planeta hicieron lo mismo, poniendo a la estandarización como uno de los grandes temas hoy en el mundo del vino. Todo sabe grande, todo sabe igual.

Las debilidades del imperio. La culpa, sin embargo, no es de Parker, sin duda. El sólo ha guiado con su gusto personal. Sin embargo, otros detalles también comienzan a minar su fuerza. En el libro “Robert Parker, Anatomie d’un Mythe”, escrito por la ex colaboradora de Parker, Hanna Agostini, se cuestiona la libertad de Parker a la hora de dar puntajes, sobre todo en Burdeos. Sus constantes viajes y su cercanía con el mundo del vino bordolés, como es lógico, le han permitido crear lazos de amistad que él mismo critica en los estatutos de imparcialidad de sus publicaciones. Especial mención es la de del bodeguero de Burdeos, Alain Reynauld, quien le pidió a Parker que fuera el padrino de su hija. O de Michel Rolland, el gran consultor enológico de Burdeos, que – según el libro de Agostini- se declara su amigo. Si se tiene en cuenta que los vinos hechos por Rolland siempre o casi siempre obtienen grandes puntajes Parker, el asunto da como para dudar.

Además, desde 2007, Parker ha dividido su imperio entre varios colaboradores, lo que para muchos es un signo claro de un retiro pautado. Jay Miller, por ejemplo, un antiguo amigo y colaborador, ha tomado los vinos de Sudamérica, así es que en realidad no es Parker el que da puntajes a Chile. Especial controversia causó la contratación de David Schildknecht como crítico para los vinos alemanes e italianos porque se trata, al menos al momento de su contratación en 2005, de un importador de vinos. ¿Cómo él podría ser imparcial? De hecho, el mismo Parker es propietario de una viña en Oregon, “Beaux–Frères.” ¿Cómo ser el gran crítico imparcial si se produce vino al mismo tiempo?

Hoy, aunque sigue siendo el nombre más influyente en el mundo del vino, no cabe duda que su impacto ha disminuido y es probable que estemos a las puertas de otra era que no sólo traerá otros críticos influyentes (por el momento nadie es tan poderoso) sino que también – ojalá- traiga un nuevo gusto, un nuevo estilo más diverso en el vino, y no sólo esas moles de concentración que gustan a Parker. Se bebe una copa y nada más. A acostarse.

Los críticos emergentes

Que Robert Parker sea el crítico más influyente en el mundo del vino, no necesariamente significa que sea el mejor. Hay otros que le han salido al camino, como Stephen Tanzer, quien ejerce cierta influencia en el mercado gracias a su publicación “International Wine Cellar”. También está Hugh Jonson, un renombrado periodista del Reino Unido (históricamente una fuente de grandes periodista de vinos) que ha sido ejemplo para generaciones y Jancis Robinson, una celebridad de la TV que es hoy una de las voces más escuchadas gracias a sus programas y sus numerosos libros sobre el tema. ¿Y de los jóvenes? Habría que destacar a dos: Tim Atkins, también de Inglaterra, uno de los más serios y respetados de los nuevos talentos, y el aún más joven Peter Richards que, afortunadamente para nosotros, tiene entre sus especialidades los vinos de Chile.

Fuente: El Mercurio | Patricio Tapia.

http://diario.elmercurio.com/2008/05/02/wiken/gastronomia/noticias/7B60B964-99EF-4847-8111-D6C800680AAB.htm

Written by machimar

2, Mayo 2008 a 11:01 am

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