Personas trabajando como esclavos en Mendoza
03/05/08
En estas condiciones viven muchos trabajadores temporarios en nuestra provincia. La autora de la nota, formula propuestas para superar una grave situación: el trabajo inhumano en zonas rurales de la provincia de Mendoza. Lo hace, recogiendo la información brindada la semana que termina por MDZ sobre el hallazgo de numerosas familias viviendo en condiciones infrahumanas en Maipú. El tema de las personas que trabajan en condiciones infrahumanas, reducidas a esclavitud, nos remite necesariamente a la “inhumanidad” del capitalismo justamente “salvaje” que, en aras de la maximización de la rentabilidad, destruye la vida misma –desde el medio ambiente hasta seres humanos concretos-. Junto a ello, personas que por el condicionamiento en que están inscriptas sus trayectorias de vida, se ven obligadas a aceptar estas condiciones para poder subsistir.
Fuente: MDZ | Nacho Gaffuri María Rosa Goldar, Fundación Ecuménica de Cuyo
Sin embargo, esta reflexión del carácter más estructural del problema y que tiene que ver con el orden económico-productivo vigente, no oculta otra que tiene que ver con la convivencia humana y la dimensión simbólico-cultural del tema. Y que se refiere a cierta “naturalización” de estos hechos… O por si acaso ¿recién nos enteramos que en el Valle de Uco, en Lavalle, en el Sur, en el Este o en “la primera zona vitivinícola” –Maipú y Luján- de nuestra provincia los llamados “trabajadores golondrinas” trabajan en condiciones de servidumbre y que esto ocurre año tras año?
Esto se sabe y, además, sucede en localidades relativamente pequeñas, donde lo que se sabe es por todos conocido… Lo que ocurre es que muchas veces estas “condiciones naturales” de trabajo son llevadas a cabo por “empresarios respetables” y muchos de ellos destacados “hombres de trabajo”… Los demás son pobres “bolivianos” – se podría derramar mucha tinta con los distintos apelativos despectivos con que se alude a ellos- que por esa sola condición están “naturalmente” destinados a estos trabajos. Una construcción ideológica (que por cierto lleva siglos) y que legitima que hay seres humanos de primera, de segunda, de tercera y de enésima categoría. Y que de tanto en tanto, nos horroriza un poco –no mucho- pero seguimos igual.
Tenemos que ser claros, esto que sucede y que se expresa vilmente en el trabajo esclavo es nada más ni nada menos que la búsqueda de maximización de la ganancia por cualquier medio y que, en el caldo de una sociedad indiferente y un Estado ausente o cómplice, encuentra las condiciones apropiadas para su desarrollo.
En este marco, este tema nos puede movilizar de muchas maneras. Una primera, indispensable es la indignación. No como una actitud moral privada, sino de ética social: mientras esto exista no somos dignos de considerar a este modelo de sociedad como “humana”. Otras son de inquietarnos, movilizarnos como sociedad para que estas prácticas se vayan desterrando: por ejemplo, que se diga públicamente qué empresas y quiénes son sus propietarios las que realizan estas prácticas “empresariales”. Así como están “los destacados”, estaría bueno saber quiénes son estos otro (quizás nos horroricemos ante infelices coincidencias). También promover prácticas que, en el marco de lo posible, vayan ya marcando el repudio. P
or ejemplo a través del consumo responsable: no comprar productos que utilicen mano de obra esclava. Hoy hay redes internacionales que promueven este tipo de acciones. Una organización que se dedica a esto en España es SETEM que publica listas de marcas, productos, etc. señalando en qué condiciones se producen: si deterioran o no el medio ambientales, si utilizan mano de obra infantil, si permiten la agremiación de sus trabajadores, etc. Se pueden hacer públicas y transmitir a organizaciones internacionales donde estas empresas pudieran estar vendiendo sus productos, las condiciones en que se realizan.
Es preciso que la Subsecretaría de Trabajo no sólo sancione a estas empresas sino que también de a conocer públicamente de quienes se trata. También es preciso que en una sociedad como la nuestra, la mendocina, que vive bajo una buena dosis de adormilamiento e hipocresía, tengamos la voluntad y la valentía para enfrentarnos a estas dolorosas otras facetas de nuestra “vida social”.
http://www.mdzol.com/mdz/nota/45063
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