Compleja situación de las empresas vitivinícolas argentinas
01/09/08
Fuente: MDZ | Roberto Cavagnaro
Mantener el ritmo de exportación de vinos exigirá fuertes inversiones en los próximos años. Las empresas del sector deben lidiar con inflación creciente, precios estables, carencia de crédito y abundancia de regulaciones que traban en lugar de facilitar el negocio. Las empresas vitivinícolas vienen atravesando por una etapa muy compleja, donde los aumentos incesantes de costos, más las trabas propias del sistema, ponen a varios en una encrucijada difícil en la cual deberán tomar decisiones importantes. Es que la industria se encuentra en una coyuntura muy particular de la cual no todos podrán sacar provecho …
Por una parte, un crecimiento constante en los mercados internacionales. La demanda de Malbec argentino, si bien sorprende, es comprensible y se podría decir que sigue un crecimiento vegetativo a partir de la difusión que va alcanzando en le mundo. Pero con él, también la demanda de variedades argentinas que sorprenden como Tempranillo, o Bonarda, entre los tintos, así como Sauvignon Blanc y Torrontés entre los blancos.
Pero esta demanda y el crecimiento que se estima tienen un tope de precios. Aunque el techo ha ido creciendo en los últimos años, la crisis internacional pone pausas. Y en este panorama, aparecen los problemas internos.
La inflación ataca duramente
El crecimiento de los costos internos se viene sintiendo seriamente, pero en el último semestre se ha hecho más evidente su incidencia. Según comentaba un bodeguero mediano, sus costos han crecido un 22% en el último año, siendo imposible para él trasladarlo a sus compradores.
Por otra parte, las crisis del campo, y los bloqueos de rutas, produjeron un daño muy grande a muchas empresas, que tenían containers cargados para despachar y no pudieron hacerlo. A los problemas con sus clientes, hay que sumarles los que se les generaron internamente.
La cadena de valor de la industria tiene muchos engranajes que, cuando funciona bien, no se alcanza a percibir su complejidad, pero cuando un engranaje se corta, el problema se desata en cadena.
El problema del futuro
Algunos memoriosos suelen recordar unas palabras de Madame Rothschil, cuando dijo que “la industria vitivinícola es buen negocio en el largo plazo. Solo hay que tener paciencia los primeros doscientos años”.
La demanda creciente de vinos argentinos desde el exterior es la mejor noticia que se podría recibir. Los esfuerzos que el sector viene haciendo en los últimos quince años están comenzando a dar sus frutos. Pero estas buenas noticias llenan de interrogantes.
En una reciente exposición, el consultor Javier Merino dio datos muy interesantes sobre la industria. Explicó que el periodo 1998/2006 la industria recibió 1.710 millones de dólares de inversiones.
Esto comprende tanto la compra de propiedades, la implantación de viñedos, la incorporación de tecnología para elaboración, conservación y fraccionamiento de vinos, así como la contratación de técnicos y la capacitación de los recursos humanos.
Esto indica que en el periodo señalado, el volumen de inversión se hizo a un ritmo promedio de 240 millones de dólares por año.
El mismo Merino señaló que el periodo 2007/2011, para poder satisfacer el crecimiento, calculado en un 10% anual acumulativo, hará falta inversiones por 1.310 millones de dólares adicionales. En este caso, el promedio anual de inversiones necesario asciende a 330 millones de dólares.
Las preguntas de rigor son ¿quién hará las inversiones? ¿De dónde saldrán los recursos necesarios? ¿Quién proveerá el financiamiento? Con las previsiones de Madame Rothschil, la respuesta es cada vez más difícil.
Los recursos pueden ser propios o de terceros. Los propios están cada vez más escasos, porque las utilidades de las empresas se han reducido notablemente. Los menores márgenes, el pago de impuesto a las ganancias obre utilidades ficticias, entre otros factores, atentan contra el uso d e recursos propios.
Las empresas extranjeras tienen otro problema. Cuando quieren ingresar capitales para hacer inversiones, el Banco Central les obliga a dejar un 30% inmovilizado por un año en concepto de encaje. Con el actual costo del dinero, la ecuación se hace imposible.
Los fondos de terceros, vía créditos en el sistema financiero o en el mercado de capitales, hoy son directamente impensables.
En este contexto, cabe preguntarse quienes podrán seguir adelante y disfrutar las mieles del esfuerzo realizado. Probablemente, podrán hacerlo inversores extranjeros que ingresen hoy al mercado o algunos que consigan caber ingenierías financieras en el exterior.
Con este panorama, el mercado acelerará su proceso de concentración, y las empresas de capital nacional son las más desfavorecidas.
El mosto con horizonte complicado
También el negocio del mosto deberá vérselas con la crisis. Es que se ha producido una fuerte caída en el precio del jugo concentrado de manzana, uno de los competidores directos de mosto de uva en el uso como edulcorante. La razón de esta caída de precios es un notable incremento de la producción de manzanas en países como Polonia y China.
Si bien los clientes de EE.UU. no lo suplen totalmente. Una baja notoria, los estimula a aumentar la proporción de estos jugos para bajar sus costos. En el país del norte, la inflación y la caída del consumo también ponen en aprieto a los empresarios.
Un panorama complejo. Esperemos que las autoridades sepan responder con ideas y no con subsidios, que es la manera de transformar un problema coyuntural en estructural.
http://www.mdzol.com/mdz/nota/67591