El capital social en la agricultura
22/01/09
Fuente: Diario Los Andes
La Corporación Vitivinícola Argentina realizó recientemente un foro que tuvo por objetivo estudiar el capital social en la vitivinicultura. “Para tener vinos de calidad necesitamos contar con una base sólida social también de calidad” dicen; la mayor preocupación se centra en que, por distintas circunstancias, el campo se está convirtiendo en un sector “expulsivo” de gente …
La vitivinicultura argentina, trabajando en conjunto, ha tenido un crecimiento espectacular en los últimos años. Aprovechó la década del noventa y la relación peso-dólar para incorporar tecnología y realizar una importante reconversión de viñedos hacia variedades finas, mientras paralelamente comenzó a incursionar en los mercados externos.
Posteriormente, con un dólar favorable, la inserción en los mercados internacionales fue espectacular a punto tal que, de los pocos millones de dólares que se exportaban una década atrás, las exportaciones actuales, entre vinos y mosto, superan los 650 millones de dólares.
Ese trabajo mancomunado quedó materializado a principios de esta década, cuando la economía trataba de desligarse de la fuerte crisis política que afectó al país. En ese momento, las entidades vitivinícolas desarrollaron una tarea en conjunto con los gobiernos de las provincias productoras de vinos, el INTA y el Instituto Nacional de Vitivinicultura, para establecer una plan estratégico a 20 años, tomando como base uno similar que había realizado Australia y que había concluido con excelente resultados.
Ese plan estratégico contemplaba un estudio de mercados para establecer hacia dónde va el mundo y los posibles cambios del consumidor, mientras paralelamente ratificaba la necesidad de salir a ganar mercados como vino argentino, más allá de los esfuerzos individuales que realiza cada una de las bodegas.
Los resultados han superado las expectativas y los hechos lo demuestran: el PEVI contemplaba una facturación de 2 mil millones de dólares para 2020 y si a la cifra por exportaciones le sumamos las del consumo interno, se observa que el objetivo se cumplió mucho antes de lo previsto.
Dentro de las tareas desarrolladas por el PEVI, días pasados se organizó en Mendoza un foro para establecer cómo se puede insertar el capital social, en el proceso de cambio de la vitivinicultura argentina.
“Lo que consideramos fue que, para tener vinos de calidad, debemos contar con una base social sólida y también de calidad”, indicaron los organizadores, partiendo de la base de que la actividad decidió defender el modelo de producción, sustentado en más de 15 mil viñateros que están en situación vulnerable, con precarios mecanismos de integración y articulación a la cadena comercial, agregando que es esa decisión la que justifica la implementación del foro como “mecanismo de sustentabilidad de la estrategia de desarrollo, de calidad de vida, calidad de los productos, gestión empresaria y accionar corporativo sustentable”.
Destacaron también el desafío de la inclusión e integración de la economía rural, tanto en su dinámica interna como con la economía nacional y expresaron que en una sociedad desintegrada social y territorialmente, es impensable encontrar las condiciones estructurales para una economía eficiente, productiva y competitiva.
El foro estableció una grilla de “problemas” a los efectos de que los asistentes -empresarios, trabajadores y Gobierno- establecieran las prioridades. Las conclusiones resultaron interesantes, porque alcanzan no sólo a la vitivinicultura sino que pueden ampliarse a toda la actividad agrícola de la Provincia.
Así por ejemplo, se concluyó en que el problema más crítico es la falta de rentabilidad de las pequeñas explotaciones, lo que determina que una finca pequeña no alcanza para mantener a más de una familia, por lo que los hijos se tienen que ir y el campo se ha convertido en un sector “expulsivo”, provocando, paralelamente, un envejecimiento de la población rural.
El segundo punto en importancia consistió en que la oferta educativa en las zonas rurales es escasa e inadecuada, lo que determina menores niveles de escolaridad y una pérdida paulatina de la identidad rural en la población y luego que la precariedad del trabajo rural, dado por su temporalidad, determina bajos niveles de cobertura social.
También ocuparon un espacio importante los problemas de las dificultades para acceder a los servicios básicos (agua potable, electricidad y gas), lo que provoca una menor calidad de vida para los habitantes de las zonas rurales, a lo que se suma el deficiente servicio de transporte público y el mal estado de los caminos, lo que acentúa las distancias a los hospitales, escuelas y teléfonos, aumentando con ello las desigualdades territoriales.
Las conclusiones del foro deberían ser tenidas en cuenta por las autoridades, a los efectos de comenzar a trabajar en la solución de los problemas, actuando en conjunto con la actividad privada.
Las tareas deberán iniciarse ahora para lograr resultados positivos recién en el mediano plazo. Pero es necesario actuar. De lo contrario, continuará sin solución de continuidad la emigración desde el campo hacia la ciudad, que tantos inconvenientes ha ocasionado en las últimas décadas.
http://www.losandes.com.ar/notas/2009/1/22/editorial-404366.asp