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Mucho, poquito, nada

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11/05/08

Aquí no crece la soja. A los pocos oasis verdes entreverados en toda la superficie de la provincia los ocupan la uva, los ajos, las aceitunas, otras verduras y frutas. Y en el resto, hay metales durmiendo recién desperezándose. Igual, el debate productivo provincial guarda el mismo diseño del clásico sojero que se ha impuesto en la agenda nacional: un sector oficial proclamando éxitos como consecuencia de su gestión además de la bonanza mundial para los productores de alimentos, y los hombres de campo discutiendo que no alcanza …

Fuente: Diario de Cuyo

Hay en este tironeo un par de factores que escapan a cualquier subjetividad y que son el punto de partida para este abordaje. Primero, que los números de la producción local para esta temporada son nítidamente mejores que los de las anteriores.

Segundo, que la insatisfacción permanente del sector productivo tanto de la Pampa Húmeda como de las economías regionales se remonta a los tiempos desde los que es posible manifestar alguna insatisfacción: desde Alfonsín hasta aquí, no se recuerdan presidentes a los que no los haya silbado la tribuna de madera de la Rural de Palermo.

Sentado en la sede de la CRA -la entidad que reúne a las sociedades rurales de las ciudades más grandes- Eduardo Buzzi fue elegido como portavoz para anunciar la extensión de la protesta tal vez por su forma de decir más campechano. Le costó no entrar en contradicción sobre el objeto del reclamo: si no eran sólo los granos exportables sino leche, carne, tabaco o uva, por qué la medida de frenar la comercialización abarcó sólo al envío cerealero.

Al final incluyó en el discurso a los productores del país profundo, a los de los lugares donde no crece la soja. Y habló de los productores vitivinícolas, entre ellos.

Buzzi es el líder de la Federación Agraria Argentina (FAA), entidad a la que están integrados los productores vitivinícolas más aguerridos de la provincia. Es la entidad del ahora divulgado Grito de Alcorta, cuando los arrendatarios de la tierra se revelaron ante sus patrones.

Justamente la Asociación de Viñateros Independientes (AVI) encabezada por Juan José Ramos es la entidad adherida a la FAA que cada cosecha vocifera los quebrantos de los productores provinciales más modestos, los que no pudieron entrar en la reconversión de varietales y siguen aferrados a que el precio de la uva y el vino de cada año le caiga más como una bendición que como un castigo.

De esos hay muchos, protagonistas esta misma temporada de quejas por el precio de la uva y el vino, y en varias otras temporadas anteriores de distinto tipo de tractorazo. El último tuvo epicentro en la plaza 25 de Mayo en marzo del año pasado, registró algunas uvas por el piso y batió parches por el precio de la uva. Este año, sin salir a las calles, reclamaron a voz en cuello porque no levantaba de los $0,40, en el caso en que llegara.

Incluso, como dato premonitorio, sufrió un año antes la misma descalificación que poco más tarde empleó la presidenta Cristina para referirse a los piquetes agrícolas como los “piquetes de la abundancia”. Aquella vez se los llamó reclamo de las 4×4, en referencia a esas unidades que circularon -las menos- con el cartelito “productor en quiebra”.

Si Ramos fue el ala más combativa desde la asociación, el otro sector que enarbola los reclamos, la Federación de Viñateros, cambió justamente de conducción para mejorar el vínculo con el gobierno -¿también premonición de los que puede ocurrir a nivel nacional?-: Rodolfo Mó le dejó su lugar al más dialoguista Jorge Bertagna.

Pero cómo serán las cosas de pendulares que aquel tablero de hace pocos días acaba de pegar una vuelta de campana. Primero, el precio del vino tuvo un repunte que mandó al freezer hasta a los más escépticos: la cosecha comenzó con el buen gesto del ministro Raúl Benítez de visitarlos en su sede y la promesa de intervención estatal de Mandataria San Juan sacando uva para el mosto e intentando llevar el precio del litro a $0,70. Ya está pasando los $0,80 y puede llegar a un peso, aunque el precio valdrá sólo para los que tuvieron confianza y no vendieron.

Segundo, que quedan pocos rastros del inconformismo de Ramos y su sector, hoy en rol de inusuales interlocutores con el mismo gobierno. Esta misma semana hubo un par de nuevos contactos entre el gobierno y quien debería ser el encargado de levantar a nivel nacional la bandera del supuesto quebranto de los productores vitivinícolas más chicos.

Tercero, que el dirigente que había llegado a la federación para suavizar el diálogo con el gobierno y era presentado como el más próximo al oficialismo -Bertagna- es hoy por hoy el más disconforme. En tono bajo, como por supuestas demoras en la aplicación de medidas, pero de todos modos alejado. Cuando alguien pregunta entre los funcionarios porqué ocurre que el dirigente arribado con el guiño oficial sea hoy el menos dócil, responden quirúrgicamente: “por celos”.

El caso del ajo encuadra también en el dilema planteado a nivel nacional sobre las economías regionales, y la escala de la misma relación gobierno-productores en la provincia. No fueron superprecios los de este año, pero mostraron un claro repunte respecto del año pasado -alrededor de un 10%-, aunque el semblante productor siguió serio.

El gobierno sacó una cuenta que provocaría envidia en otras ramas productivas. Entre 6 y 7 mil dólares por hectárea para un ciclo de 6 meses de trabajos no es un pago despreciable, a razón de 40 centavos el ajo chino y 50 el ajo blanco.

“Siempre lloran, aunque les va muy bien”, confesó esta semana una alta fuente oficial. Y los productores realmente no están conformes: dicen que esa mejora en el precio se la llevó el aumento en los costos de personal y de los insumos -también en dólares-. Y, porqué no, las benditas retenciones.

Ni tanto, ni tan poco. Donde no crece la soja, igual que donde sí crece, la situación de los hombres de campo no parece la ideal, pero sí asoma alejada de la catástrofe de otros tiempos.

Un buen camino es el llamado a empresarios que ensayó el Ministerio de la Producción esta semana para que todos se alejen del cassette habitual y no trunquen un proceso favorable, con piedras que hay que correr. Le queda a la misma cartera un esfuerzo adicional con instrumentos de alto valor pero poco divulgadas (un cupo de créditos del Banco Nación provechoso y poco utilizado).

Un modo de trazar un camino de previsión. Cosa que el productor no deba andar deshojando la margarita cosecha tras cosecha para saber si le quedará mucho, poquito o nada. En especial, si el precio de los alimentos que paga el que los consume llega en cuentagotas al que pone la semilla.

Fuente: Diario de Cuyo

http://www.diariodecuyo.com.ar/home/new_noticia.php?noticia_id=281167

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Written by machimar

14, mayo 2008 a 2:01 am

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