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Vinos bonaerense: Alta gama de llanura

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elfederal23/10/08
Fuente: El Federal | Javier Rombouts | Fotos: Juan Carlos Casas

Tres bodegas -dos de ellas ya en producción- proponen vinos de alta gama de la provincia de Buenos Aires. Una apuesta fuerte que se apoya en lo distintivo del terruño y en la diversidad de sabores, colores y aromas. Dispuestos a competir de igual a igual con los vinos de las provincias tradicionales, los bonaerenses aseguran que es tiempo de romper con el mito de la montaña y la altura para conseguir buenos vinos…

El negocio del vino sigue en busca de nuevos espacios, de territorios todavía no explorados. Y, en algunos casos, esto se aplica literalmente. Es que a caballo de un boom que comenzó allá por el inicio de este siglo, la industria vitivinícola logró proyectarse tanto dentro como fuera del país de un modo hasta entonces inédito. Y eso a pesar de la montaña rusa económica que supone la Argentina. Y eso a pesar de la crisis mundial actual que supone dudas, contramarchas y estados de ánimos cambiantes.

El vino ha logrado en estos últimos años un status cultural que antes no poseía en nuestro país: ahora se trata de conocer, de bucear en distintas profundidades, de buscar los diferentes colores, texturas y sabores en una paleta cada día más amplia. Por eso, mientras los profetas de la globalización auguran paladares universales, algunos todavía apuestan al terroir, a la sapiencia de cada terruño.

Dentro de esa apuesta que tiende a diferenciarse de los centros naturales de la industria vitivinícola argentina, primero aparecieron Neuquén y La Pampa. En el primer caso, las características de montaña de los proyectos y la cercanía con las provincias históricamente “dueñas del vino”, hicieron que de inmediato los vinos patagónicos se volvieran una continuación natural de la industria. Así y todo, entonces algo ya estaba cambiando; algo decía que la opción era apostar a distintos tipos de vinos, a sabores diferentes. La Pampa siguió esta tendencia sin todavía afincarse por completo, al menos en la comercialización a gran escala. Pero es ahora con los vinos de la provincia de Buenos Aires que esta intención de ofrecer nuevos vinos, bien distintos a sus hermanos mayores de las provincias cordilleranas, comienza a marcarse claramente en el mercado. Por lo pronto, hay dos bodegas que ya están produciendo vinos de alta gama. Y pronto habrá una tercera. La intención es clara: por un lado, se trata de aportar productos diferentes -en sabor, textura y color- a los vinos que salen de las provincias tradicionales. Por el otro, el costo de la hectárea bonaerense es notablemente inferior a una hectárea “estrella” en Mendoza, San Juan o Salta.

Hasta ahora, Buenos Aires sólo conocía de vinos orilleros, los famosos “pateros” hechos con malas uvas y peor tecnología. Con la presencia de estas nuevas bodegas la situación parece cambiar de una manera radical: se trata de vinos que intentan competir en rangos de calidad y precio con sus iguales de la región cuyana. Tienen a su favor y en su contra el mismo punto de partida: apuestan al terroir. Los consumidores tanto del mercado interno como del externo serán, en definitiva, quienes inclinen la balanza.

Hasta ahora, buenos aires solo conocía de vinos orilleros, los famosos “pateros” hechos con malas uvas y peor tecnología. Con la presencia de estas nuevas bodegas, la situación parece cambiar de una manera radical: se trata de vinos que intentan competir en rangos de calidad y precio con sus iguales de la región cuyana.

ORÍGENES

Como toda historia, esta también tiene un comienzo. Y ese inicio puede situarse en dos zonas de Buenos Aires: el microclima de Sierra de la Ventana y las tierras arenosas de Médanos, localidad cercana a Bahía Blanca. La elección de estas alternativas vitivinícolas, claro, no son casuales. Es que sierra es comparable a ciertas geografías europeas, estrictamente a Bordeaux, en Francia, donde la barrera natural entre los viñedos y el mar es el bosque, mientras que en Ventana son las montañas. En el caso de Médanos, la tierra arenosa y la cercanía oceánica también se emparentan con ciertas zonas del sur de España y de Italia, las más cercanas al Mar Mediterráneo.

Estas similitudes fueron un punto importante a la hora de impulsar los proyectos. Pero, en rigor, los motivos originales fueron otros. En algunos casos, mucho más íntimos: historias de familia, lugares de nacimiento. Y siempre esa especie de amor que el vino comenzó a despertar en los últimos años. No se trata de un negocio más, para muchos de estos nuevos bodegueros excede ese concepto. Se trata de otra cosa. Dicen: DLR421″Afinidad con el vino”. Dicen: “Algo afectivo”. Lo cierto es que las bodegas Al Este (Médanos) y Saldungaray (Sierra de la Ventana) ya comenzaron a mostrar sus propuestas: en el primer caso vinos con madera, apuntando rápidamente a un segmento alta gama; en el segundo, vinos jóvenes, fáciles de beber y muy frutados, en un segmento de precios inferior pero sin descuidar la calidad. Pronto se les sumará un proyecto ambicioso: Pampas Estate (también en Sierra de la Ventana) que tendrá su primera producción entre 2010 y 2011.

Las tres imaginan que la zona se terminará por convertir en un nuevo referente de los vinos argentinos. Alejados de la montaña y cercanos al mar, pretenden encontrar en las diferencias su verdadera identidad.

DESDE EL SUR

Daniel Di Nucci nació en Médanos. Y desde chico lo escuchó a su padre Luis, un productor agropecuario importante de la zona, hablar sobre los viejos viñedos de las afueras de la ciudad. Esos viñedos desaparecieron en la década del 50, y uno de los motivos fue sanitario: el Ministerio de Agricultura provincial exigió que se erradicaran por temor a la filoxera, una peste en las plantas que había provocado graves daños en Europa. “En general eran pequeños productores italianos, que hacían vino sin tecnología y con poco conocimiento”, cuenta Di Nucci.

La afinidad con el vino, la necesidad de establecer una actividad productiva para su ciudad natal, lo pusieron en camino. Después, llegaron los socios, cuatro argentinos, dos de ellos residentes en los Estados Unidos.

“Arrancamos en 2000, con nueve variedades: Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot, Tempranillo, Tannat, Syrah y Petit Verdot, entre las tintas; y Sauvignon Blanc y Chardonnay, en las blancas. En 2003 tomamos cien kilos de cada variedad y las mandamos a Mendoza, al INTA de Lujan de Cuyo, donde las analizaron para ver si era posible hacer un buen vino”, rememora quien no sólo es socio del emprendimiento sino también el que suele pasarse unos cuantos días de la semana en la bodega. Después de los resultados, se quedaron con cuatro variedades tintas -Cabernet Sauvignon, Malbec, Merlot y Tannat- y las dos blancas.

“Ahí nos dimos cuenta de que era posible obtener un vino de alta gama y nos pusimos a trabajar en eso. Ahora tenemos 25 hectáreas plantadas en distintas etapas de crecimiento y vamos a seguir creciendo en la medida que nos demande la producción”, dice. DLR421. En estos momentos -con las cosechas 2006 y 2007 en la calle- están haciendo 220.000 botellas. Y el proyecto es llegar al doble de botellas y al doble de hectáreas plantadas para 2012.

Para guiarlos, cuentan con los servicios del enólogo italiano Alberto Antonini. “Cuando se lo propusimos a Antonini, enseguida aceptó porque para él también era un desafío. Hacer vinos de alta gama en una zona nueva pata la vitivinicultura es toda una apuesta”, afirma Di Nucci. Y, de inmediato, se lanza sobre los detalles: “Empezamos plantando 3.300 plantines por hectárea y, en algunos casos, 4000. Ahora, en las últimas hectáreas que pusimos en producción la densidad es mucho mayor: tenemos unos 7.000 plantines por hectárea. Todo lo regamos por goteo, el agua es un bien escaso y hay que utilizarlo de la mejor manera posible”.

Di Nucci habla con pasión de su bodega Al Este. Enseña las vides y la bodega como quien muestra su casa. Se detiene a catar en el sótano, donde las distintas cepas descansan en barricas. Hace otro alto en la hermosa cava, construida bajo un médano.

Finalmente,” explica las características de la zona: “Acá la amplitud térmica, a diferencia de otras zonas vitivinícolas, se da por el suelo. Nosotros tenemos un suelo arenoso, más del 90 por ciento es arena por deposición eólica. Este suelo no tiene capacidad de retener agua y el agua es un agente que estabiliza la temperatura. Al no retenerla, es un suelo que está muy caliente cuando da el sol y que se enfría rápidamente por la noche. Así logramos 20 grados de diferencia térmica y así las plantas no consumen por las noches las reservas que juntaron durante el día. Eso genera mejor fruta. Por otra parte, el viento también hace diferente a la uva. Acá la fruta genera una piel más gruesa y esto nos conduce a un vino con gran intensidad de aroma, color y sabor. Nosotros necesitamos 170 kilos de uva para producir 100 litros de vino mientras que en las zonas tradicionales precisan entre 135 y 140 kilos para cien litros. Así lo que hacemos es una sangría natural que le da más cuerpo a nuestros vinos”.
Los vinos de Saldungaray -Ventanía- y de Al Este salen a competir en distintos rangos: los primeros son vinos jóvenes y frutados, de entre 18 y 30 pesos; los sequndos son vinos con madera, que van desde los 25 a los 45 pesos.

EXPANSIÓN

Si bien ahora Al Este es una bodega preocupada en mejorar y ampliar su producción, hubo otros tiempos menos gratos. Y el primero se dio cuando tuvieron que conseguir un capataz para la viña: nadie en Médanos sabía exactamente cómo trabaja! esta plantación. La solución fue traer un capataz de Mendoza y comenzaron a capacitar a la gente que trabajaba en la bodega. También ayudó la llegada de Ricardo Dolcemascolo, otro mendocino que se convirtió en el enólogo residente.

Ahora es el tiempo de expandirse; de plantear una comunicación y una logística de ventas: “Esperamos exportar en el corto plazo. La idea no es sólo hacer un buen producto, sino mantenerlo en el tiempo. Por ahora, tenemos dos espacios comerciales: lo que hacemos desde Médanos, con el turismo enológico y la distribución en Bahía Blanca. Vendemos mucho en bodega y estamos desarrollando el mercado de Capital y Gran Buenos Aires. Creo que estamos haciendo un vino de alta gama a un precio moderado. Pero no descartamos hacer en el mediano plazo una etiqueta de mayor nivel y de mayor precio”. Por ahora, Al Este tiene dos etiquetas: Terrasabia (Tierra y Arena), un reserva en los varietales Malbec y Chardonnay, con un precio de vinoteca que ronda los 45 pesos y un blend con el nombre de la bodega que está en el rango de los 25 pesos. “No descartamos un gran Al Este en el corto plazo”, anuncia el bodeguero.

La cava de Al Este propone un camino que sigue Saldungaray y que también lo hará Pampa Estate: una fuerte apuesta por el turismo enológico.

En todos los casos, la recolección es manual. Incluso, el proyecto Pampas Estate propone un riego único en el país: se trata del sistema a secano, sólo por agua de lluvia.

Di Nucci se entusiasma cuando habla de lo bien que se está dando el Tannat y dice que la experiencia de los viñedos uruguayos fue inspirador para animarse con esta cepa. “Estamos a 39 grados de Latitud Sur, tenemos días más largos que las zonas vitivinícolas tradicionales. Y mucha influencia oceánica. El mito argentino dice que el vino hay que hacerlo en altura y lejos del mar. Nosotros estamos haciendo estos vinos para derribar esa creencia”, concluye.

PRIMERA VENTANA

Hace unos años, pocos años, el matrimonio Parra, residentes de Mercedes, paseaba por Sierra de la Ventana y llegó a una conclusión: las características de esa tierra eran muy similares a las de Bordeaux, en Francia. Ambos ingenieros agrónomos, los Parra decidieron que era un lugar indicado para un viñedo. Después, imaginaron a sus hijos trabajando en el proyecto.

Manuela Parra es socióloga, tiene 30 años y es una de las hijas de los ingenieros. Ella junto a dos de sus hermanos -Facundo y Joaquín, de 21 y 20 años respectivamente- están al frente de la Bodega Saldungaray, que tomó el nombre del pequeño poblado a 9 kilómetros de Sierra de la Ventana. “Desde el comienzo fue un emprendimiento familiar. Lo puso mi padre pero lo manejamos nosotros. Cuando papá nos convocó, nos enganchamos. Y cada vez nos enganchamos más”, asegura Manuela.

Hace cinco años empezaron a plantar vides nuevas en pie traídas de Mendoza. Primero probaron Malbec, Merlot, Tempanillo, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Pinot Noir y dos blancas, Chardonnay y Sauvignon Blanc. De las 15 hectáreas que posee la bodega, siete fueron las elegidas para la primera añada. Ahora ya tienen todas plantadas y esperan que rindan sus frutos en la próxima cosecha. En las últimas siete hectáreas sólo plantaron Cabernet Sauvignon, Malbec, Sauvignon Blanc y Tannat. Ya sacaron la primera cosecha, bajo la etiqueta Ventania hicieron 10.000 botellas de un Blend y de tres varietales: Malbec, Cabernet Sauvignon y Sauvignon Blanc.

“Creo que en el momento que realmente me enamoré del proyecto fue en la primera vendimia. Estábamos mi hermano Joaquín y yo y fue increíble. Ahí Facundo todavía estaba más en otras cosas. Pero lo fuimos trayendo. Tanto, que fue el primero en mudarse a Ventana”, cuenta Manuela.
La socióloga dice que están dando los primeros pasos, que recién empiezan y que quieren ir despacio. “Por ahora, llegamos a la gente por recomendación. Y también los tenemos en la vinoteca Portovino de la Capital. Por ahora, con una producción de sólo 10.000 botellas, no podemos ir más allá. Igual, casi ya no nos quedan vinos porque el restaurante que tenemos en la bodega funciona muy bien y ya nos quedan muy pocas botellas hasta fin de año, cuando embotellemos la cosecha 2008”, dice.

Los Ventania son vinos frutados, jóvenes, sin paso por barrica, fáciles de beber. “Creo que hay que esperar a que maduren los viñedos. Por ahora son vinos donde priman las notas del viñedo joven. Además, el modo de vinificar es un aprendizaje que estamos recorriendo. Ahora, cuando los viñedos tengan edad de guarda, nos interesa hacer uno o dos vinos con madera. Pero eso llegará más adelante”, asegura Manuela.

Igual, tanto ella como sus hermanos saben que la producción de su bodega tiene un techo. “La bodega está diseñada para estas quince hectáreas. Con las quince produciendo a pleno, llegaríamos a las 200.000 botellas. Ese es nuestro plan pero recién para 2012.”

Saldungaray no sólo es una bodega familiar, también es un emprendimiento donde hay cierto costado artesanal. Más allá de tener una importante tecnología puesta al servicio de la bodega, hay todavía una intención de hacer las cosas personalmente. Con 4000 plantines por hectárea, cosecha y selección manual, los vinos Ventania se ubican en el tango de los 18 a los 30 pesos.

“Vamos formando parte del circuito turístico de Sierra de la Ventana. Con un mayor volumen vamos a pensar en la exportación. Pero por ahora, esto es lo que tenemos y, para ser una primera cosecha, creo que está muy bien”, sintetiza la mayor de los hermanos Parra.

“Queremos poca uva por planta, la idea es que cada planta nos de una botella de vino.” (Fernando Muñoz de Toro)

SEGUNDA VENTANA

De los tres emprendimientos de vinos de alta gama bonaerenses, tal vez el de Fernando Muñoz de Toro sea el que parte con mejor hándicap. Sucede que Muñoz de Toro ya tiene una bodega en Neuquén, Del Desierto. Y, además, comenzó su proyecto Pampas Estate con el asesoramiento del equipo del enólogo francés Michel Rolland. “Estuvimos dos años estudiando el suelo, la cantidad de lluvia anual, la amplitud térmica, cuántos días de sol hay por año. Y llegamos a la conclusión de que la zona contiene un microclima propicio para obtener vinos de alta gama. Por eso, no me gusta hablar de Buenos Aires sino de Sierra de la Ventana”, afirma Muñoz de Toro.

El suelo arenoso de Médanos y el microclima de Sierra de la Ventana son los lugares elegidos hasta ahora para emplazar bodegas de vinos de alta gama en Buenos Aires.

Por ahora, el proyecto está en etapa de plantación: tienen 35 hectáreas con una densidad de 7.000 plantines por hectárea. “Queremos poca uva por planta, la idea es que cada planta nos dé una botella de vino”, señala el bodeguero.

Por ahora, plantaron Sauvignon Blanc -del tipo neozelandés-, Pinot Gris y Chardonnay, entre las blancas. Y Pinot Noir, Merlot, un clon de Syrah -más resistente a la falta de agua-, Cabernet Franc, Sauvignon y Malbec, entre las tintas. Pero lo más sorprendente de este emprendimiento es el método elegido para el riego: como en algunos lugares del sur italiano como La Toscana, Muñoz de Toro está decidido a implementar un riego a secano. Esto es: riego sólo con la lluvia, sin método artificial. Igual, asegura, van a disponer de tractores pequeños por si la temporada de lluvias es muy mala. De este modo, las diferentes añadas tendrán distintos vinos -de mayor o menor calidad- según la cantidad de agua que caiga del cielo.

“Según los estudios que hicimos, cada 100 años, hay 10 malos en términos de lluvia. Este es el primer proyecto de este tipo en la Argentina”, afirma. Los primeros resultados se verán a partir de la cosecha 2010, que será la primera que embotellen. Antes de eso, esperan comenzar con la construcción de la bodega propiamente dicha y, proyectan, un hotel de lujo para quienes quieran hacer una parada turística. “Creo que la primera vinificación importante la haremos en 2011. Pero tendremos que llevarla a Neuquén en camiones de frío porque, ahora, tenemos parada la construcción”, dice Muñoz de Toro. El parate en la construcción tiene que ver con un conflicto que el bodeguero tiene con el gobierno de la provincia. “Nosotros queremos destrabar este asunto cuanto antes, queremos dialogar con el Gobierno. Nuestro proyecto no es sólo una bodega, es un hotel de lujo, un proyecto turístico. Hace cuatro años que ponemos plata”, señala.

Aunque demore, tanto vino como construcción, bien puede que este proyecto -ubicado detrás del Parque Provincial Tornquist- se convierta en una verdadera punta de lanza para los vinos de la provincia.

APUESTA FINAL

Si se quiere, se trata de proyectos muy jóvenes. Si se quiere también, parece una apuesta con un riesgo que va de mediano a alto. Sin embargo, las bodegas bonaerenses de vinos de alta gama parecen dispuestas a ganar una partida difícil. O, al menos, a formar parte del juego. A tratar de probar que el vino no es prioridad de las provincias tradicionales sino que puede mostrar su potencial en otros horizontes, nacionales e internacionales. Y jugar de igual a igual con sus hermanas mayores de Neuquén, Mendoza, San Juan y Salta. Por ahora, demostraron que se puede hacer un buen vino: tanto Al Este como Saldungaray dieron pruebas embotelladas de esto. Tal vez esto también forme parte del boom del vino: derribar mitos, reescribir el relato, ir un poco más allá de lo conocido. Volverse, en verdad, un hecho cultural.

Written by danroc

28, noviembre 2008 a 3:27 pm

Una respuesta

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  1. El domingo fuimos a conocer la bodega de Saldungaray, me emociono ver a esos dos chicos, porque son chicos jovenes, un dia domingo embotellando vino, y pense “no todo esta perdido en la Argentina” hay mucha gente joven con ganas de trabajar y no esperar que le regalen todo” FELICITACIONES!!!!. el lugar bellisimo, la comida exquisita y que decir de la atencion….recomiendo el lugar para visitar, esta en nuestra provincia y hay que conocer para poder apoyar estos proyectos nuevos.

    Maria del Carmen

    8, noviembre 2012 at 2:57 pm


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