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El cambio de la industria vínica acompañó a la nueva demanda

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03/12/08
Fuente: El Ciudadano | Néstor Avalle

Los viñedos argentinos se adaptaron a los cambios en los consumidores ante las políticas de los 90. La vitivinicultura argentina ya está jugando en las grandes ligas y su desempeño cosecha cada vez mayores reconocimientos. Mendoza, que concentra alrededor de las tres cuartas partes de la actividad nacional, acaba de lograr el reconocimiento como Mejor Zona Vitivinícola del Mundo por parte de la revista Wine Enthusiast. Este es uno de entre tantos galardones que recibe la vitivinicultura nacional, que también está siendo destacada en los últimos tiempos por su creciente penetración en los más exigentes mercados externos y la múltiple obtención de medallas de sus vinos en concursos internacionales …

Estos logros son el resultado de un arduo trabajo que tuvo un salto cualitativo muy significativo a comienzos de la década de los 90. Por aquellos años, se dieron condiciones macroeconómicas e institucionales que llevaron a quienes toman decisiones en la industria del vino a pensar un futuro distinto del que habían vivido hasta ese momento. Efectivamente, hasta entonces las reglas de juego consistían en una serie de políticas caracterizadas por una excesiva ingerencia del Estado en las decisiones de las empresas a través de regulaciones (cupos o precio sostén, y en general regulaciones de precios y de cantidades) unido a la escasez de incentivos para intentar vender en el mundo por erráticas políticas de tipo de cambio y una Argentina que miraba poco al mundo. En los 90 el paradigma cambió diametralmente: apertura económica, desregulación de los mercados (del vino, cambiario, financiero, etc.) y mirar más hacia mundo. Los bodegueros se animaron, tomaron el reto y demostraron que podían. El tan denostado modelo neoliberal de los 90, a la vitivinicultura (y por lo tanto a los mendocinos, en particular) le vino muy bien.

La base no estaba
Los actores de la transformación fueron los bodegueros locales, pero también las empresas extranjeras que vieron la posibilidad de expandir sus negocios produciendo en Argentina.

La consigna del nuevo modelo fue llevar vino de calidad al mundo y esto requería de uvas de calidad; y ya sabemos que el vino comienza en la uva y había que empezar el cambio allí. En el año 90 sólo 1 de cada 3 hectáreas tenía uvas de alta calidad enológica. Era necesario comenzar una reconversión. Y así se hizo.

El último relevamiento realizado por el INV muestra que esa relación entre uvas de alta calidad enológica y el resto de las uvas, prácticamente se ha revertido, porque las primeras ya superan el 60% del total. Es decir que en 17 años se han ido haciendo las inversiones necesarias en el viñedo para salir a triunfar al mundo.

El otro aspecto estructural importante es que el 82% de estas variedades son tintas, porque esto es lo que pido mayoritariamente el mercado. Malbec, la variedad que hoy es la identidad argentina en las mesas del mundo, es el 26% de las tintas. Pero también hay Bonarda (19%), Cabernet Sauvignon (18%) y Sirah, (13%). Le siguen Merlot y Tempranillo.

El 12% de las uvas son blancas, encabezadas por Pedro Giménez (31%); le sigue Torrontés Riojano (18%), luego Chardonnay y Moscatel de Alejandría. Finalmente el 6% de las hectáreas está plantado con uvas rosadas. La principal en este grupo es la Cereza (48%), seguida por la Criolla Grande y Moscatel Rosada.

Más datos de la transformación
Actualmente hay 211 mil hectáreas implantadas con uva para vinificar en la Argentina y 1 de cada 4 tiene menos de 8 años. ¿Dónde están ubicadas? Ya lo sabemos: en Mendoza y San Juan, pero conviene tener los datos actualizados: 92% de la superficie y 86% de los viñedos están en las dos provincias cuyanas.

El 57% de las hectáreas plantadas están conducidas por parral, en general son las variedades de menor calidad enológica que requieren de una alta producción por hectárea para que la actividad sea rentable. En este porcentaje incluimos también las uvas para comer en fresco y pasas.

Para calificar la forma que tomó la transformación un dato muy importante es el de la escala de producción: El 60% de los viñedos tienen menos de 5 hectáreas. Esto equivale a menos del 15% de la superficie implantada con vid. Acá aparece el problema de la escala ya que para que una explotación inferior a 5 hectáreas sea viable económicamente debe tener uva de una altísima calidad enológica. En este segmento está la parte de la vitivinicultura que no ha bebido las mieles de la transformación. En la otra punta, sólo 2,3% de los viñedos, unos 636, alcanzan para cubrir 26% de la superficie. Aquí se encuentran las grandes empresas y productores con viñedos.

En tiempos en que la política ha decidido borrar con el codo lo que se escribió con la mano en los 90 y cuyos resultados y consecuencias negativas comienzan a notarse, es oportuno puntualizar y recordar a qué se ha debido el éxito de la vitivinicultura… y desear que no se decida volver atrás.

http://www.ciudadanodiario.com.ar/2008/12/03/nota63793.html

Written by danroc

3, diciembre 2008 a 1:22 pm

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