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Ing. Gasparri: El visionario que creó un oasis productivo en el país equivocado

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13/12/08
Fuente: Río Negro | Javier Avena

Neuquén le debe al ingeniero Gasparri su zona productiva más exitosa: El Chañar. Sin apoyo crediticio a largo plazo, quebró por las deudas derivadas de su genial obra. La Argentina, con sus permanentes cambios de reglas de juego, no fue justa ni leal con él…

-No sé si lo vamos a poder mantener. Pero, si alguna vez nos llegamos a fundir, por lo menos hemos hecho cosas. Está todo acá -dice Gasparri. Desde ese punto panorámico en la sierra, al lado de la Virgen del Valle que su mujer trajo de Catamarca, el ingeniero contempla la primera y la segunda etapa de El Chañar junto a Trasarti y Montalvo, dos de sus hombres de confianza. Los tres han recorrido parte de esas 8.000 hectáreas apenas unos minutos antes en la camioneta, pero desde arriba todo luce distinto: los lotes en marcha, los frutales, las acequias, el canal principal, las compuertas y los árboles plantados hace más de veinte años, cuando comenzó la aventura de transformar aquel tramo del desierto del norte neuquino en un oasis productivo. Más allá divisan las tres mil hectáreas de la tercera etapa.

-Ahí vamos a plantar nuevas variedades de manzanas, peras y nectarines -comenta el ingeniero. En el portafolios lleva el plan de desarrollo en seis hojas que escribió a mano con birome negra. Apuesta a generar un nuevo polo con la potencia suficiente como para diferenciarlo del Alto Valle. Los frutales crecen en el vivero: las primeras pruebas son satisfactorias. A mediados de 1994 sueña con poder pagar con ese ambicioso proyecto las deudas que arrastra la empresa. El dinero que le prestaron no está en bancos del exterior ni en una rueda financiera. La plata está ahí; es eso que se ve abajo, ese verde, ese milagro.

No pudo hacerlo. Y lo mandaron a la quiebra en el 2000: no hubo contemplaciones para el hombre que creó El Chañar. Luego otros empresarios, con mejores contactos en los despachos políticos donde se suben o bajan los pulgares, consiguieron millonarios créditos oficiales en condiciones muy ventajosas y desarrollaron sus propios emprendimientos en la tercera etapa. Gasparri se quedó sin nada.

CONSEJOS

-Fijate esos yuyos. No crecerían si la tierra no fuera buena -le dice el ingeniero Asunción a Gasparri una tarde de 1968 mientras caminan esa superficie inhóspita. Asunción sabe de qué habla: ha investigado esos suelos. No hace falta mucho más para motivar a un emprendedor nato. Gasparri sigue su instinto y adquiere esas 20.000 hectáreas en 1968, 20 kilómetros de largo por 10 de ancho de puro monte virgen a orillas del Neuquén. En la inmobiliaria hay festejos de los compradores y también de los vendedores, un grupo de socios de Cinco Saltos felices de haberse sacado de en cima aquel páramo.

En diciembre de 1969, lo primero es el reconocimiento del terreno: extenuantes jornadas a caballo o a pie para medir los cañadones, detectar los médanos y los pozos y volcar toda la información en un mapa. Los hombres de la avanzada llevan suero antiofídico en un botiquín: ése es el hábitat de las víboras. Comienzan los trabajos de emparejamiento con los tractores Fiat 780 con una y dos palas en tándem, cuadrantes para nivelar, topadoras y retroexcavadoras para hacer la primera bocatoma en el río después de asegurarse de que la peor bajante no pueda dejarla sin ingreso de agua. Los estudios indican que unas 8.400 hectáreas son aprovechables para la producción con riego por gravitación.

Mientras tanto, las tierras ganadas se riegan con tres bombas de 1.500.000 litros con motores de 80 HP que conducen el agua del Neuquén hasta un piletón conectado al canal principal que alimenta las acequias secundarias y terciarias en desnivel. Siembra sorgo, centeno y cebada para fijar el suelo. Trae cañones regadores de 90 metros de diámetro de alcance desde Balcarce; la idea es no apretar la semilla y dejarla germinar. Prueba con papa, una tradición familiar iniciada por su padre a comienzos de siglo en Santa Fe. El resultado es excelente.

El ingeniero, de botas cortas, jean y camisa liviana, tiene el paso enérgico y un tono que a veces infunde respeto y otras, temor. Lleva el pelo castaño oscuro peinado hacia atrás y usa grandes anteojos de aumento y para sol cuando le baja las gafas oscuras. Está al frente de un grupo que empieza a trabajar a las seis de la mañana y termina cuando ya es noche cerrada. Son más de 50 kilómetros de camino de tierra cada día hasta Neuquén. Vuelven cubiertos de polvo y por varios se duchan afuera antes de entrar a casa.

Poco importan los sacrificios si se es parte de un sueño. Hay otras empresas que pagan más y que dan bonificaciones, pero nada hay más atractivo para esos pioneros que vencer al desierto: Gasparri ha logrado contagiar su mística hasta a los más escépticos. Luego será generoso con sus colaboradores más estrechos y regalará 17 chacras en producción de entre 6 y 10 hectáreas, una para cada uno.

En los primeros años de los ’70 el Banco de la Provincia del Neuquén otorga préstamos a largo plazo para los compradores de los lotes de la primera etapa, casi 4.000 hectáreas. Es un éxito: se venden todos, menos las 800 hectáreas que ha reservado para él. Con esos fondos más los ingresos de la planta de empaque y el frigorífico de Cipolletti, financia las obras de la segunda etapa, de otras cuatro mil hectáreas. La bocatoma concluida imprime aún mayor dinamismo en los trabajos. Se instala la segunda cinco kilómetros al oeste.

El 21 de mayo de 1973 se crea la Comisión de Fomento y Gasparri dona más de 120 hectáreas para dar vida a un pueblo que ya es imposible de detener: el censo de 1975 indica que hay 650 habitantes. Con los militares en el poder, El Chañar corre riesgo de desaparecer: Hidronor decide instalar el dique compensador de Planicie Banderita para controlar las crecidas del Neuquén en una zona que inundaría buena parte del emprendimiento. Una gestión desesperada del gobernador Felipe Sapag, que siempre apostó por el proyecto, logra cambiar el lugar de la obra y lo salva.

La venta de los lotes de la segunda etapa también es exitosa y entre los compradores aparecen firmas de renombre. Para bajar costos, el ingeniero fusiona las empresas del grupo en una sola, Gasparri SA. La firma atraviesa años de apogeo, con 1.200 empleados entre las chacras, el galpón de empaque y el frigorífico. En 1980 debe 200.000 dólares, poco para la envergadura de su compañía. Pero la Argentina de Martínez de Hoz y su tablita cambiaria es una timba donde es mucho más rentable especular que producir. Y Gasparri debe tomar créditos: los frutales de El Chañar aún no entran en producción y es necesario sostener la estructura que demanda su titánica obra. No hay políticas de Estado que alienten desarrollos de largo aliento. Los créditos en dólares son a corto plazo y con intereses devastadores. Se inicia así un círculo perverso del que nunca podrá salir.

Sin embargo, en los primeros años de los ’80 la situación parece estar controlada y la empresa es una de las más importantes de la región. El valor de su producción supera en más de veinte veces al de su deuda y continúan los planes de expansión: compra en Italia la más moderna preclasificadora del mercado, en dos millones de dólares. En una agitada reunión de directorio en Cipolletti argumenta que así se ahorrará espacio en el frigorífico, que la selección automatizada por tamaño y por color agilizará todo el proceso en forma notable y que eso es indispensable porque sus proyecciones indican que la producción de El Chañar llegará pronto a los 40 millones de kilos anuales. Aunque al principio hay voces en contra, todos terminan convencidos. “Éramos como satélites alumbrados o ensombrecidos por el planeta principal”, recuerda uno de los participantes. Hay malas noticias: la máquina golpea demasiado la fruta y aunque viajan técnicos para calibrarla nadie encuentra la manera de hacerla funcionar. Son mercados distintos y no es fácil adaptar la tecnología. Pero esa pérdida no hace mella en el espíritu del ingeniero, que ya había dejado de comercializar y exportar la fruta de otros galpones de empaque para dedicarse de lleno a El Chañar. Le muestran los balances pero los ignora. Tiene un objetivo entre ceja y ceja: producir más.

Los ’90 y el uno a uno lo sorprenden metido de lleno en la apuesta a la que dedica su vida. No hay otra manera de sostenerla que con mayor endeudamiento en dólares y con intereses delirantes: más del 20% al año mientras la inflación no supera el 5%. En 1992 la multinacional Chiquita Brands International elige a Gasparri como socio estratégico en el Cono Sur y le compra el 49% de la empresa a cambio de cinco millones de dólares para sanear la empresa. El ingeniero no puede con su genio y utiliza parte de ese dinero en inversiones productivas. Llegan los balances y los nuevos socios los objetan: reclaman más austeridad y el 65% de las acciones.

-¡De ninguna manera! -grita Gasparri. Resultado: debe devolver los cinco millones más otros dos por resarcimiento. Su deuda se abulta aún más. En 1994 entra en concurso de acreedores. Decide poner a la venta los lotes de la tercera etapa y convoca para eso a Julio Viola, dueño de una inmobiliaria en Cipolletti. No es un buen momento: la fruticultura es un pésimo negocio en plena convertibilidad y acaso por eso no aparecen interesados. Cambia de estrategia y traspasa la titularidad de las tierras a Viola a cambio de una suma incierta.

Los hechos se precipitan. La deuda lo asfixia, el uno a uno lo aniquila. Necesita apoyo para recuperarse, pero nadie parece dispuesto a dárselo.

Entra otra vez en concurso de acreedores con la ilusión de seguir en marcha, como tantas otras empresas en el Valle. Está cerca de cerrar un acuerdo de venta con la empresa Klepe cuando el Banco de la Provincia del Neuquén (BPN) se opone a la convocatoria y lo condena a la quiebra. No la vacía antes; no quiere ser el dueño rico de una empresa pobre. El propio titular de la entidad, Luis Manganaro -cuyo padre había sido despedido de Gasparri SA tras discutir con el gerente general-, explica que de los 16 millones que debe el ingeniero, sólo 5 corresponden al capital y 11, a los intereses. Se trata del mismo banco que luego consideraría irrecuperables los 14 millones prestados al frigorífico Temux de Buenos Aires, sin sede en Neuquén; de la misma entidad que abrió el grifo con generosos créditos a las bodegas instaladas en la tercera etapa de El Chañar.

En la Secretaría de Trabajo de Cipolletti, durante una protesta de los trabajadores de Gasparri por sus salarios, alguien arroja dos rompeportones y cierra la puerta para que retumben con más fuerza mientras el ingeniero sube las escaleras. El estruendo es tan potente que rompe un vidrio. Gasparri llega a su casa aturdido. Se sienta en el sillón, toma un vaso de agua e intenta leer el diario. Mira las páginas pero no puede leerlas; no ve nada.

-Vamos al médico -pide. Le detectan un daño cerebral.

-Estoy jodido -le dice a su hijo Fernando al volver.

EPÍLOGO

Antes del remate desaparecen las computadoras, un hermoso mueble francés y hasta un tractor.

Las 1.035 hectáreas se adjudican en 836.000 pesos, a razón de 807 pesos la hectárea, cuando el valor del mercado es de al menos 5.000. Expofrut se queda con la mayor parte de las tierras y el estudio Chinni, Seleme y Bugner, con el resto. Entre ellas, con “La Juana”, la chacra de 60 hectáreas y el chalet donde vivían los Gasparri en Río Negro, por 54.000 pesos.

Gasparri se va a vivir a Río Cuarto. El seguro de retiro que había pagado durante toda su vida le alcanza para comprar un lote con dos casas. En una se instalan con su mujer, Ana María. En la otra, su hijo Fernando con su familia. Luce recuperado y se entusiasma con el negocio de todo por dos pesos que abre Fernando. Está otra vez en carrera: hace proyecciones, chequea el stock y ubica en un armario las bolsas y mochilas que le dan los clientes al entrar. A los tres meses estalla el uno a uno. La devaluación que le hubiera permitido salvar la empresa declarada en quiebra apenas 8 meses antes ahora le pone fin al todo por dos pesos. Reconvierten el negocio en un polirrubro.

En el 2002 viaja solo en colectivo y visita El Chañar. Recorre asombrado las bodegas. Un enólogo lo reconoce y le ofrece probar el primer vino. “No entiendo mucho, pero parece rico”, contesta el ingeniero. No hay rencores: “No sabés qué lindo está todo. Las chacras, los viñedos, las bodegas. Nosotros no teníamos apoyo, nosotros no lo hubiéramos podido hacer”, le cuenta a Ana María al volver. Aquellas tierras ya no son suyas, pero las siente propias.

Vuelve a sentirse mal y va otra vez al médico. “Envejecimiento cerebral” es el diagnóstico. El doctor les dice a sus familiares que sufrirá picos cada vez más agudos. Debe movilizarse en silla de ruedas y no lo tolera; eso es demasiado castigo para un hombre de acción. Fallece el 14 de noviembre de 2004, a los 82 años.

Para el próximo aniversario del pueblo, el 31 de mayo de 2009, el intendente Ramón Soto, hijo de un albañil que trabajó con Gasparri, prepara un homenaje para el hombre que creó El Chañar. Un buen punto de partida para empezar a saldar la deuda con el ingeniero que pudo con el desierto pero no con la Argentina.

Preguntas sin respuestas

¿Por qué el Banco de la Provincia del Neuquén le bajó el pulgar a Gasparri? ¿Por qué no permitió que fuera aceptado su concurso y evitara así la quiebra? ¿Por qué otorgó millonarios créditos en condiciones muy ventajosas a los empresarios que desarrollaron sus emprendimientos en la tercera etapa de El Chañar y no tuvo la misma actitud con Gasparri? ¿Cuánto y cómo se abonó por la cesión de tierras de la tercera etapa?

Colaboradores

Son muchos los hombres que jugaron un papel clave al lado del ingeniero. Tantos, que es difícil nombrar a todos. Éstos son algunos de ellos: Ferrareso, Hirsch, Testaseca, Trasarti, tres generaciones de la familia Teixé y sus primos Gasparri. ¿Cómo lo recuerdan? “Si no hubiera sido por él, aquello seguiría siendo un monte virgen”, dice Lefevre. “Fue un hombre de mentalidad productiva, nunca especulativa. Y eso lo llevó a chocar con las políticas económicas contradictorias de la Argentina, que lo sacaron del camino”, señala Ochoa.

Written by danroc

14, diciembre 2008 a 12:39 pm

Publicado en noticias

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Una respuesta

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  1. muy bien. como no estar feliz. Dios ilumine a los que nos dejaron el camino para un futuro mejor.

    ramon

    13, noviembre 2009 at 7:50 pm


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