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Agustina de Alba: ¡Visiten una bodega!

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Hernán Zenteno

Con 21 años es la mejor sommelier argentina, según la Asociación Argentina de Sommeliers Foto: Hernán Zenteno

14/12/08
Fuente: Diario La Nación Luis Aubele

“El sommelier es un comunicador. Un personaje de muy bajo perfil que actúa entre la bodega y el que llega a un restaurante, por ejemplo, y lo ayuda a ser protagonista. Observa, analiza la situación y aconseja lo más conveniente para los visitantes”, explica Agustina de Alba, ganadora del concurso Vino argentino, un buen vino, que elige al mejor sommelier de 2008 del país, organizado por la Asociación Argentina de Sommeliers (AAS) …

“Porque no es lo mismo una reunión de negocios, el primer encuentro de una pareja, una reconciliación o un cumpleaños. Tiene que ser un gran intuitivo, comprender rápidamente si el cliente está muy atado a gustos tradicionales o si tiene una mente abierta a nuevas propuestas. Por otra parte, ¿cuánto estarán dispuestos a gastar? Debe decir las cosas con mucha elegancia, humildad y muy buena información. La sommeliería es un arte muy sutil y de mucho compromiso con el cliente”, agrega.

Agustina de Alba tiene 21 años y siempre pensó que dedicaría su vida al arte. Cuenta que desde chica pintaba, le gustaba cantar, actuar en reuniones familiares y bailar. Estudió interpretación con Claudio Quinteros y comedia musical con Julio Bocca. Descubrió el mundo del vino a los 15 años, en 2003, durante unas vacaciones en Mendoza, cuando visitó el Museo del Vino. “Al principio no entendía nada, era como llegar a un país en el que no sabía el idioma, pero me di cuenta de que algo extraño estaba pasando dentro de mí. Puedo ser muy descolgada cuando algo no me interesa o me aburre, por ejemplo la matemática, pero allí mi concentración en todo lo que mostraba la guía era fabulosa.”

-¿Cómo sigue la historia?

-El romance siguió unos días más tarde cuando fuimos a San Rafael y conocí la Plataforma 33, exposición flotante en el dique Valle Grande, que me pareció un lugar mágico. Al regresar enloquecí a todo el mundo con mi descubrimiento, entre otros a Fernando Armesto, coordinador de los cursos de inglés de mi colegio, que dijo que me inscribiera en la Escuela Argentina de Sommeliers. Me explicaron que no podía ingresar porque era muy joven, pero hice un segundo intento, dos años más tarde, al regresar de otro viaje. Recuerdo que eran las 17.30 de un viernes y, por teléfono, la secretaria me informó que la inscripción se cerraba esa misma tarde, ¡a las 18! Y que había sólo dos vacantes. ¡No había tiempo! Entonces reclamé, imploré, protesté, declamé, hasta que la voz compasiva de la secretaria alargó el plazo hasta el lunes, día en el que comenzaba el curso.

-¿Que aconsejaría para una comida de fin de año?

-Imaginemos el punto de encuentro, una casa donde esa noche se reúnen parientes, amigos, gente que hace tiempo que no se ve. Después de los saludos comienza la preparación de la comida, se cortan tortas y fiambres, y se acomodan regalos al pie del árbol de Navidad. Es el momento del aperitivo, ceremonia que consiste en servir una bebida que una a los recién llegados, profundice el encuentro y abra el diálogo. Que si hay un desencuentro que viene de lejos pueda superarse. Un cóctel muy liviano para los grandes. Por ejemplo, una medida de jagermeister con agua tónica o soda y hielo y una bebida sin alcohol para los chicos.

-¿Qué es el jagermeister ?

-En alemán significa maestro de cazadores y es originario de la Baja Sajonia. Es un licor amargo con 56 hierbas. Por ejemplo, canela de Sri Lanka, raíces de jengibre, cáscaras de naranja amargas de Australia y sándalo rojo del este de la India. Tiene un 35 por ciento de alcohol y es un excelente digestivo. Su clásico botellón verde llegó hace relativamente poco a la Argentina.

-¿Es conveniente que los chicos participen del aperitivo?

-Me parece importante que participen, que no queden relegados. Que se acostumbren a integrarse a ese tipo de ceremonias familiares, porque les hace bien. Los hace sentirse importantes, que son parte de la celebración.

-Estamos llegando al plato principal.

-Ya sentados a la mesa, aunque la mayoría de los comensales suelen elegir un vino tinto, presentaría como alternativa un blanco tradicional, para los platos livianos. Por ejemplo, un Torrontés de 2007, una cepa emblemática argentina. Por supuesto, muy fresco. En cuanto al tinto, si la noche es muy calurosa, lo pondría brevemente en la frapera para que alcance una temperatura de 15 o 16ºC, que es la óptima. Para el brindis, seguir la tradición y descorchar un vino espumante, un champagne.

-¿Y después?

-Viene la sobremesa, un momento difícil porque cada uno tiene su preferencia. Aunque siempre recomiendo tener a mano una botella de buen whisky o de coñac.

-¿Algo más sobre el vino?

-Quisiera hablarles a los jóvenes. Sé que muchos prefieren la cerveza al vino. Sin embargo, les propongo que una o dos veces por mes acompañen sus platos preferidos con una copa de buen vino. Se les abrirá un mundo nuevo. Sería interesante conversar sobre el tema, saber más, acercarse al vino. ¡Visiten una bodega!

Una aventura fascinante.

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1080494

Written by machimar

15, diciembre 2008 a 4:12 pm

Publicado en noticias

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