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Los vinos de la navidad

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21/12/08
Fuente: La Mañana de Neuquén | Joaquín Hidalgo

Cuando la mesa se puebla con vithel toné, lechón bien adobado, ensaladas esmeradas y todo el compendio navideño, qué vinos poner en la mesa para que la comida funcione. A la hora de las cañitas voladoras, el helado y la ensalada de frutas hay mejores y peores combinaciones posibles. Recomendaciones…
No basta el cuento del inmigrante para explicar que, cuando el calor del verano aprieta con ganas, cierta noche milenaria buena parte de la tribu argentina se reúne junto a una mesa y en flagrante apropiación de la cocina foránea la puebla con platos típicamente nórdicos: de esos que comería el propio Santa Claus en su choza escandinava, con los renos, gnomos y demás.
El despliegue, con todo, encuentra esmero en las cocinas hogareñas, que buscan hacer de esta una cena especial, con un toque de haute cuisine salpimentada a la francesa y nutrida en diversos ángulos criollos. Cuando las fuentes proyectan sus sombras a la luz de las velas, el vithel toné, el pionono, los palmitos, el melón con jamón, el lechón crocante al horno de barro, conforman los platos fuertes de una bacanal aliñada con deseos y prosperidades.
Contra esta ecuación de comidas calóricas y altas temperaturas no hay otro antídoto que unas buenas sandalias, una bien planchada camisa o vestido light, cuando no unas bermudas. A la abuela, al cuñado y al primo que vino de lejos no se le puede negar una recompensa a cambio del viaje. Y así, la mesa se llena con comidas que sólo se consumen en las fiestas.
La noche avanza hasta las cañitas voladoras, el postre (de ensaladas de fruta a helados varios) y el beso de buenas noches. A todo lo largo de esta cena que siempre tiene algo de tirante –una familia reunida no pule precisamente sus encantos- la bebida debe correr como está mandado, si se quiere llegar a los fuegos artificiales con la sosegada sensación de haber cumplido un rito en tiempo y forma. Si todo sale bien, de ahí en más sólo resta conversar hasta que la abuela cabecee y se retiren los primeros invitados.

Los vinos
Para que todo funcione a la perfección lo ideal es no restringirse mucho con los vinos, confiesa un avezado hacedor de encuentros, calculando holgadamente la compra. Si no se quiere quedar corto, media botella de vino o espumante por adulto.
Conviene arrancar con uno o dos blancos frescos, del tipo Torrontés o Sauvignon Blanc, sin aspiraciones y bien conservados en una frapera con hielo y agua. Como para que en la medida en que llegan los invitados se les refresque la memoria y la lengua con una copa. Cualquiera de las dos variedades cumplen su cometido y tienen buenos ejemplares en torno a los 15 pesos: El Portillo o Finca Las Moras marcan el rumbo.
Sirven, de paso, para articular ese primer momento en que la familia aún no sabe bien dónde sentarse y propiciar el brindis inicial. Combinan bien con las ensaladas, del tipo papas con mayonesa, apio y manzana o la waldorf que la tía soltera preparó, y con los fiambres y el infaltable vithel toné.
Claro que siempre hay quien no quiere beber blancos. En ese caso, un rosado puede descansar también en la frapera, del tipo Santa Julia Syrah Rosé que está bien. En plan de multitudes, hasta 20 pesos compensa. Y en la medida en que los blancos vayan escaseando, no olvide reemplazarlos por los tintos en la frapera así llegan refrescados al plato principal.
Para cuando llegue el momento del lechón adobado, el pavo que se estrena esta temporada o el asado a punto que el anfitrión llevó hasta la hora de bañarse, un Cabernet Sauvignon y un Malbec son tiros obvios pero certeros: Alma Mora, Finca Perdriel Terruño o Finca Flichman son buenos ejemplos. De esos que no tiene madera o que coquetearon con ella, como para que no resulten sesudos. Habrá quien tiente con buen tino un Syrah y hasta pruebe un Merlot o Pinot Patagónico de los que ganan fama hoy, como Saurus o Marcus.
Desde antes de empezar la cena, el precavido dejó un par de botellas de espumante en la heladera. Cuando llegua el momento de llevarlas no olvide acercarlas sumergidas hasta el cuello de la botella, mientras que nadan a su lado una media docena de hielos. Ahí la temperatura de servicio será ideal si hace el típico calor de navidad y llegará el momento de los artificiosos fuegos con el espíritu aliviado. En paz y prosperidad, como al cabo de un brindis bien hecho.

Written by danroc

22, diciembre 2008 a 1:54 pm

Publicado en noticias

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