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Bodega H. Canale: Un siglo en la ruta del vino

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11/01/09
Fuente: Rio Negro On Line

La más importante y antigua bodega patagónica cumple cien años de vida. Guillermo Barzi Canale, cuarta generación y a cargo de la conducción de la empresa, cuenta la apasionante historia. Hay 300 hectáreas de frutales, 150 de viñedos, 35 familias que trabajan y viven allí, centenares de barricas y toneles de roble francés y norteamericano, enormes tanques de acero inoxidable, piletas de fermentación con paredes de 50 cm de ancho y un gigantesco galpón levantado un siglo atrás. Hay técnicos, operarios, enólogos, cosecheros, tractores, tractoelavadores, camiones y oficinas nuevas. Hay un museo con las herramientas utilizadas desde el comienzo del siglo XX, fotos en blanco y negro que congelan en una imagen el trabajo en la finca hace varias décadas y la reproducción del mapa de la zona que trazaron los ingleses cuando el Valle comenzaba a tomar forma …

Y hay, en cada rincón, en cada ladrillo, ecos de una apasionante aventura que comenzó en 1909 y que ahora cumple 100 años en las afueras de Roca: la Bodega Humberto Canale.

Todo empezó cuando el fundador recorrió la zona junto al ingeniero Huergo para trabajar en los sistemas de irrigación de la región. Ambos eran parte de la Dirección de Obras Públicas del gobierno del general Roca y decidieron comprar 400 hectáreas aquí. El clima, el suelo y la amplitud térmica convencieron al ingeniero Canale de que se trataba de una gran zona para las vides. Viajó a Francia y al regresar plantó viñas con cepas importadas de Burdeos: semillón, cabernet y merlot, la base de la vitivinicultura regional. En 1912 ya tenían 200 hectáreas de viñedos, como lo cuenta un artículo del “Río Negro”. Luego sería el turno de los primeros frutales, en su mayoría peras.

Mientras tanto, la otra rama de la familia desarrollaba en Buenos Aires la fábrica de conservas y la panadería de donde surgen los famosos bizcochitos Canale que también viajaron de generación en generación en las legendarias latas. “Así, Humberto se convirtió en proveedor de su hermano”, cuenta Barzi Canale, cuarta generación, a cargo hoy de la conducción de la empresa.

UNA RELIQUIA

A su lado, un antiguo teléfono de manija luce su aspecto de reliquia de las comunicaciones. Pero en los años años 40 jugaba un rol fundamental, aunque había que esperar horas e incluso regalar alguna damajuana al operador con la esperanza de agilizar las cosas. Ahora, como no hay señal de celulares, recibe una llamada en su computadora portátil. La escena le sirve como excusa para decir que cambió la tecnología pero no el espíritu, justo cuando asoma la quinta generación con su hijo “Guillo” a cargo

de la dirección comercial en el país y en el exterior de una bodega que produce 1.500.000 botellas al año, exporta el 30% y apunta a la calidad y el servicio antes que a la cantidad.

ESTILO INGLÉS

“En los años 20, con el ferrocarril en marcha e inversiones como las de Canale en producción, una compañía inglesa desarrolló un proyecto frutícola. Trajo técnicos británicos, instaló una estación experimental y enviaba frutas a Buenos Aires en vagones del tren que explotaban y luego, en contraestación, a Inglaterra” -cuenta Barzi Canale-. Continúa: “Ahí nació el Alto Valle del Río Negro, un proyecto de colonización inglés. Después se dieron cuenta de que la distribución era un buen negocio, crearon AFD (Argentina Fruit Distributors) y levantaron galpones de empaque en zonas clave: las estaciones del ferrocarril Cinco Saltos, Cipolletti, Allen, J.J. Gómez y Villa Regina. Claro que si les llevaban 100 kilos decían que servían 15 y el resto era para descarte… No había manera de controlar eso ni industria que procesara lo que decían que no servía…”

La fruta viajaba en bolsas en el ferrocarril refrigeradas con barras de hielo, algo inimaginable hoy, en tiempos de grandes exigencias internacionales sintetizadas en las Global Gap y veloces camiones de última generación. “Las bolsas eran a la fruta lo que las damajuanas al vino”, dice Barzi y pide permiso para contestar un mail urgente por una venta a Europa.

En los años 30 Canale encara diversas inversiones como el secadero al sol de peras, duraznos y ciruelas para una incipiente industria, que luego incluiría la sidrera y el aserradero. “Los años 40 encuentran a los ingleses fuera del negocio: se van por la nacionalización de los ferrocarriles. Nuestra empresa ya es un establecimiento modelo con producción, empaque e industrialización y la decisión de invertir muy importante en todas la áreas”, relata Barzi. Aún hoy hay evidencias de aquellas decisiones: más de 30 mil kilos al año de peras y vinos generados a partir de añosos viñedos.

ESPÍRITU CRIOLLO

El 24 de febrero de 1957 falleció Humberto Canale y lo sucedió su sobrino Manuel, tío de Barzi. Son épocas de expansión, con incorporación de tractores, una máquina para la sidrera y otra para armar cajones, un refrescador de mostos y la ampliación del secadero. Por entonces, eran alrededor de 100 las familias que vivían en las casas destinadas al personal en el predio y más de 500 los empleados. Los cambios también llegaron a la fruta, con los bines y la mecanización de la cosecha. La producción frutícola se exportaba a través de Tres Ases. “La empresa fue administrada por varios gerentes que hicieron un gran aporte, entre ellos Ramón Romero”, afirma Barzi.

La década siguiente refuerza lo conseguido con la incorporación de más tecnología, el riego por aspersión y una decisión estratégica: adaptar los viñedos a la producción de vinos finos y salir al mundo a venderlo, mientras una de las cíciclas crisis argentinas obliga a cerrar el aserradero y más tarde la sidrera y el secadero.

Se crea la Asociación Vitivinícola Argentina y en 1978 Canale exporta junto a siete bodegas mendocinas.

“Cuando íbamos a las ferias cada productor trataba de vender su zona: el Alto Valle, San Juan, Mendoza, tal vez influenciados por las estrategias vitivinícolas del Viejo Mundo. Un día nos dimos cuenta de que nuestra principal marca no era la región de cada uno sino lo que nos engloba a todos: la Argentina. Y así nos fue mucho mejor”, recuerda Barzi.

Por entones, Canale ya había decidido exportar su fruta a través del consorcio PAI (Productores Argentinos Integrados).

“Es el primer consorcio de exportadores de nuestro país. Y hay que consensuar las decisiones como en una familia. Vendemos al exterior el 85% de lo que producimos: Rusia, Europa, Estados Unidos, Canadá y Brasil, entre otros mercados. PAI es un modelo de integración exitoso del que nos sentimos parte. Hoy es el tercer exportador de la Argentina”, señala Barzi.

Los años ’90 fueron paradojales para los Canale: el mismo uno a uno que los asfixió como productores frutícolas les permitió modernizarse como productores vitivinícolas. “Con la fruta nos fue muy mal. Pero estábamos en posición de aprovechar esos diez años de estabilidad y esa paridad cambiaria para invertir muy fuerte en tecnología y conocimiento. Fue lo que hicimos y eso nos permitió dar un salto de calidad, unir el cuidado artesanal de nuestros vinos con lo último en materia de equipos para toda la cadena de elaboración”, explica Barzi.

EL BOOM

La estrategia de posicionamiento dio grandes resultados. Para dar una referencia, la Argentina exportó vinos en 1993 por 5 millones de dólares y por más de 600 en 2008, con 130 bodegas que colocan sus productos en el exterior.

Y el furor por el malbec como identificación del país provocó que ahora haya menos botellas que las que el mercado internacional requiere. “Es simple, si tuviéramos más malbec lo venderíamos”, aporta Barzi. Sin

embargo, en su manera de ver las cosas, si la Argentina es malbec, el Alto Valle es merlot: “Este es su lugar en el mundo, por su evolución lenta, su forma de maduración, la región es la patria del merlot”.

Liderar también es formar equipos. El del centenario de la empresa, divididos en cuatro áreas de responsabilidad, lo integran el enólogo Horacio Bibiloni; el ingeniero agrónomo Juan Martín Videri en producción; Juan Carlos Senatore en administración y Juan Garabito en ventas, relaciones públicas y la intendencia del pequeño pueblo que es el establecimiento.

Garabito, nacido y criado en Canale, es hijo de un trabajador de la bodega del sector de la proveeduría. “El vino vivo es materia viva desde el viñedo y hay que cuidarlo como tal. Aquí todos somos parte de esa mística”, dice mientras recorre las instalaciones.

Agrega: “Aquí, en estas cuatro naves estilo templo es la sala de fermentación, donde nacen los vinos en estas piletas construidas en 1920 con paredes de 50 centímetros de espesor y luego pintadas con epoxi sanitario. La temperatura ideal para los blancos es entre 16º y 17º C y de entre 25º y 28º para los tintos”.

ALTA GAMA

Parado frente a las 300 barricas de roble americano y europeo de primer uso (tienen una vida útil de hasta 5 años), Garabito comenta: “Aquí es donde se hacen los vinos top”. El piso es de tierra, para mantener la madera hidratada, mezclada con piedritas con el mismo objetivo. De allí surge el Marcus gran reserva merlot, malbec, pinot noir y cabernet franc que se consigue en las vinotecas por entre 120 y 130 pesos. Entre los clásicos, su preferido es el Íntimo: “Lleva 40 años en el mercado y es un emblema de la Patagonia. Lo sé porque la recorro desde hace 25 años”, opina el gerente de la bodega.

La fórmula que trazó el fundador, Humberto Canale sigue vigente. En palabras de Barzi: “Elaborar productos de una calidad que supere a la de su precio. Como en el caso de los bizcochitos: si eran más ricos y mejores con manteca en vez de grasa, le ponían manteca. Así se hace un producto masivo con calidad. Sólo que ahora la estrategia de la empresa es apuntar a especializarse en el mercado de los vinos más caros sin bajar el volumen de la producción ni abandonar la franja de los 15 pesos que ocupa un muy buen vino como el Marcus”.

Ahora, la entidad que nuclea a las bodega es “Vinos de Argentina”. Entre sus objetivos para promover las exportaciones y recortar la ventaja que llevan países com

petidores como Chile y Australia está el de poner el foco en las relaciones internacionales y los acuerdos bilaterales.

“Es claro que se trata de un terreno en el que hay que trabajar mucho. Hay buenos mercados, tenemos buenos productos, por eso hay que generar convenios que aporten tranquilidad para el futuro”, cierra Barzi.

¿Y cuáles serán los festejos por el centenario? “Habrá varios eventos. Una relación tan grande con clientes y amigos después de tantos años y tanta historia es difícil de resumir en una sola reunión”, dice Barzi, mientras se despide y vuelve a concentrarse en su laptop.

Contacto para asistir a las visitas guiadas :

Chacra 186, General Roca

Te: (02941) 430415 / 433879 / 433882

http://www.bodegahcanale.com

http://www.rionegro.com.ar/diario/eh/2009/01/11/16945.php

Written by danroc

11, enero 2009 a 10:53 pm

Publicado en noticias

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