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Entrevista: Arturo Bertona. El creador del Malbec de oro

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11/01/09
Fuente: Diario Uno | Analía Boggia

Arturo Bertona es dueño de la bodega lujanina que produce el Monte Cinco Malbec Oak, ganador de la Gran Medalla en el concurso Malbec al Mundo. Muestra un gran entusiasmo al hablar de su producto más importante y el que más orgullo le genera. El mismo con el cual relata el encuentro con sus orígenes en Italia durante un viaje que realizó a Europa en 2007. Dice que de nada sirve la formación si no se pone pasión en las cosas que se hacen y ejemplifica: “No por estudiar literatura uno es Jorge Luis Borges” …

Arturo Bertona (49) es el dueño de la bodega boutique lujanina que en noviembre del año pasado ganó la medalla de oro en la quinta edición de Malbec al Mundo por su vino Monte Cinco Malbec Oak. Antes de volcarse plenamente a la vitivinicultura asesoró a empresas de productos de limpieza, de alimentos y hasta a una fábrica de helados en Buenos Aires, en donde vivió algunos años. También residió en Honduras y en Brasil, país en el que decidió volver a Mendoza y dedicarse a las tres fincas que heredó de su familia.

Desde que abre la puerta de su casa para realizar la entrevista, Bertona demuestra su sencillez y también su empecinamiento por los viñedos, los cultivos, el sol, los aromas y los taninos. Todos los conceptos se van mezclando a lo largo del relato minucioso que hace del trabajo que realiza todos los días.

– ¿Cómo fue su vida hasta que obtuvo el premio?
– Siempre habíamos hablado de hacer un Malbec de alta gama. Yo tenía la idea desde antes, porque mi familia siempre tuvo vinculación con el vino, y a partir de charlas con amigos nació la idea de concretarlo. Por ahí el sentimiento estaba, pero no las condiciones, y el hecho que lo disparó fue un momento que se daba en Argentina, cuando se estaban haciendo buenos vinos, a fines de los ‘90. La idea estaba desde siempre, pero ver cómo se estaban haciendo las cosas nos dio el último empujón.

– ¿Hay algún hecho en particular que marcó su decisión por volver al mundo del vino, después de vivir en otros países?
– Puede haber sido que en los ‘90 hubo un mayor impulso. Pero posiblemente sea que en esa época yo estaba viviendo en Brasil y me fue a visitar un amigo. Juntos viajamos a Florianópolis y hablando surgió la idea de volver a instalarme en Mendoza y hacer vino. Lo estuvimos pensando cinco años antes de que empezara todo.

– ¿A qué atribuye el auge por el vino, esa fascinación que se despertó en los últimos años?
– Creo que se globalizó, hubo intercambios culturales. Hubo argentinos que participaron de ferias internacionales y hubo italianos y estadounidenses que empezaron a asesorar a bodegas argentinas.

– Hasta ese momento, ¿usted a qué se dedicaba?
– Estudié para ser contador y tuve distintos trabajos y actividades. Estuve varios años en Buenos Aires, en consultoras que asesoraban a todo tipo de empresas. En un primer momento estuve en una consultora de empresas alimenticias, como Laponia, que fabricaba helados. Trabajaba en una consultora que tenía varios clientes de productos de limpieza, de productos alimenticios y otras cosas.

Hacia los vinos de alta gama
Bertona nació en Medrano, entre Junín y Rivadavia, en medio de dos familias vinculadas con la vitivinicultura, como muchos de los inmigrantes que llegaron desde Europa.

– ¿Qué vínculo tenía su familia con el vino?
– Mi abuelo paterno llegó de Italia a fines del siglo XIX, en 1890 más o menos. Mi abuelo nació en el norte de Italia. Estuvimos con mi esposa hace dos años. Fue muy lindo porque habíamos conseguido el acta de nacimiento y en 2007 me contacté con la persona que me mandó la partida por correo. Fue una casualidad. Es una historia muy movilizante, que vale la pena.

– ¿Qué hacían sus abuelos?
– Mi abuelo materno era encargado de una finca en Medrano. Y mi padre nació en Perdriel (Luján), en la calle Brandsen, y se fue a una bodega en Medrano. Y ahí se conocen mis padres. De alguna manera tenía que ver conmigo. En esas fincas donde nace el vino es donde estaba mi abuelo paterno. Teníamos fincas y cada uno de los primos comenzó a trabajar en su proyecto.

– ¿Cuántas fincas tiene?
– Una en Agrelo (Luján), una en Medrano y otra en Maipú. Pero vinificamos sólo dos. De Agrelo hacemos el Malbec y de Medrano hacemos el Petit Verdot, aunque estamos haciendo una partida pequeña. Pero estamos más especializados en el Malbec.

– ¿Se preparó para el manejo de los negocios familiares?
– Estudié, pero la verdad es que podés tener muchos másters y si no tenés pasión por lo que hacés, no sirve. Pasa en los deportes, tenés un equipo de estrellas y no funciona. Se trata del amor que ponemos para que las cosas salgan. Vos podés tener una colección de másters, pero no funciona, no te asegura el éxito. De nada sirve la formación si no ponés pasión en las cosas que hacés. No por estudiar literatura uno es (Jorge Luis) Borges.

– ¿Qué es hacer un vino de alta gama?
– Básicamente se trata del cuidado que hay que tener en el cultivo, para que salgan uvas de alta concentración de color y de aroma. El nacimiento de un gran vino empieza en la finca, en el cuidado de la uva, del viñedo. Para hacer un vino de alta gama tenés que trabajar mucho en el viñedo. El viñedo tiene que ser privilegiado, estar en una zona que permita que se desarrollen determinadas características de la uva o de esa variedad. Esto es como preparar una comida, si hay 100 cepas, hay que tratar de que todas tengan el mismo grado de sol, de viento. Entonces hay que lograr producción uniforme y de bajo rendimiento.

– Pero ese cuidado se logra en producciones pequeñas…

– Claro, con una producción pequeña se logra que haya concentración de color y de aroma y eso lo lográs en el trabajo sobre el cultivo y sobre el viñedo. Nosotras tenemos una producción limitada, entonces podemos controlar todo. Estamos en el cultivo, en la cosecha, en la guarda, en la comercialización, en la exportación.

– ¿Cómo logran llegar al producto final?
– El último paso es la guarda en barricas. Todo los vinos tintos generalmente van a barricas. Nosotros los tenemos más o menos ocho meses y después se embotella. La barrica también hace distintivo al vino. Podés estar dos años en barricas, pero lo que buscamos nosotros es que se exprese la fruta del Malbec, porque los vinos se empiezan a parecer todos. Lo que buscamos nosotros es que la fruta del Malbec la sienta el que prueba el vino. Que esté la vainilla, el coco, el chocolate blanco, pero que se note que está el Malbec.
¿Cómo nació el Monte Cinco Malbec Oak, que ganó la medalla de oro?
– Es un proyecto que venimos trabajando desde 2002. Teníamos una idea de hacer un vino de alta gama y coincidió también con que estuve realizando un curso de posgrado de comercialización que me ayudó a ordenar todas las ideas que tenía y así ir moldeando el proyecto, lo convirtió en números y lo empecé a ordenar.

– ¿Fue el único premio que obtuvo?
– Empezamos a trabajar con uva Malbec de Luján de una de nuestras fincas. En 2003 tuvimos medalla de oro en Vinandino por un proyecto que recién se iniciaba, un muy buen reconocimiento para un producto que recién estaba comenzando. En noviembre de 2004 obtuvimos 92 puntos en la revista Wine Enthusiast. Fuimos entrando en algunos restoranes en Mendoza y Buenos Aires. Y se abrió la posibilidad de exportar. En enero de 2005 hicimos la primera exportación a California (Estados Unidos).

– ¿Cómo analiza las políticas estatales en vitivinicultura?
– Creo que en Argentina los empresarios bodegueros han sabido aprovechar los tiempos y las oportunidades. El uno a uno, por ejemplo, logró que la mayoría de las bodegas pudiera incorporar tecnología y equipamiento para poder encarar la producción, que antes no se veía. Lo mismo pasó con la crisis después de 2001, con el dólar tan alto se logró el impulso para el ingreso en los mercados internacionales y la competitividad. Se dio justo todo. Cuando el dólar era igual que el peso permitió la tecnologización.

– ¿Y en el caso de ustedes?
– Nosotros somos muy chicos y nuevos en la industria vitivinícola como para poder hacer este tipo de análisis. Es más, cuando empezamos y nos metimos en esto el dólar estaba alto. Pero creo que si uno mantiene la calidad, también es cierto que hay crisis internas, pero todos los beneficios que otorgue el Gobierno son bienvenidos.

– ¿Cómo cuáles?
– Subsidios en tasas para poder acceder a créditos y comprar tecnología. Las barricas, por ejemplo, se podían comprar más fácilmente en la época del uno a uno. Ahora, si uno va a comprar una sola barrica, le cuesta entre 800 y 1.000 euros.

– ¿Pero ustedes no alcanzaron a comprar equipamiento?
– Sí, siempre estuvimos con la política del dólar alto. A nosotros con este precio nos cuesta mucho más comprar tecnología

Arturo Bertona nació el 23 de marzo de 1959 en Medrano (distrito que comparten Rivadavia y Junín). Es hijo de Pedro Bertona y Elena Riera.

Está casado hace 15 años con Claudia Adaro. Esperan a su primer hijo, Francesco Lucca, para fines de enero.

Es contador público nacional y se recibió en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNCuyo a principios de la década del ‘80. En 2002 realizó un posgrado de comercialización en la Fundación Alta Dirección.

Vivió en Medrano hasta los 7 años. Después se fue a San Martín. A los 18 años vino a Mendoza para seguir estudiando. Después alternó entre Buenos Aires, Mendoza, San Pablo (Brasil) y Tegucigalpa (Honduras).

http://edimpresa.diariouno.com.ar/2009/01/11/nota202631.html

Written by danroc

11, enero 2009 a 11:21 pm

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